Volumen 17, No. 1, Art. 8 – Enero 2016



Una ventana epistémica a la (inter) subjetividad. Las potencialidades del método etnográfico

Laura Beatriz Montes de Oca Barrera

Resumen: Este artículo muestra el potencial metodológico que tienen la subjetividad e intersubjetividad propias del método etnográfico. Para ello se debate sobre los fundamentos ontológicos y epistemológicos de un procedimiento cualitativo que ha trascendido fronteras disciplinarias. El artículo pone especial énfasis en las dos características del método: Por una parte, la flexibilidad en el proceder de la investigación; y, por la otra, el establecimiento de una situación etnográfica intersubjetiva que permite construir datos que, captando la perspectiva emic, nutre la interpretación del/la investigador/a (etic). Finalmente, considerando esta situación etnográfica se propone una herramienta reflexiva que permita controlar la subjetividad propia y, con ello, captar la huella de los otros.

Palabras clave: etnografía; método; subjetividad; intersubjetividad; flexibilidad; reflexión

Índice

1. Introducción. Abriendo una ventana epistémica a la (inter) subjetividad

2. Etnografía: un método que trasciende fronteras disciplinarias

3. Particularidades del método etnográfico: flexibilidad e intersubjetividad

4. La huella del otro: La intersubjetividad como recurso metodológico

5. La intimidad del dato y el control de la subjetividad

6. Consideraciones finales. Potencialidades, riesgos y límites del método

Agradecimientos

Notas

Referencias

Autora

Cita

 

1. Introducción. Abriendo una ventana epistémica a la (inter) subjetividad

Este artículo busca poner en el centro de la mesa de discusión la subjetividad del/la investigador/a como herramienta provechosa para captar la subjetividad de los otros entablando una relación intersubjetiva. Desde esta óptica se piensa imposible construir datos asépticos: neutrales y libres de toda pasión humana; es decir, no contaminados por el/la investigador/a (HAMMERSLEY & ATKINSON 1994). Basándose en el paradigma constructivista se plantea que no se pueden entender y explicar fenómenos sociales y humanos haciendo a un lado dos ingredientes que les son consustanciales: la pasión y la subjetividad. Para ello, se deja atrás el paradigma positivista desde el que se pretende explicar y comprender la complejidad social y humana considerando sólo la visión "objetiva" del/la investigador/a. [1]

Hablar de paradigma implica pensar en una "filosofía o conjunto de creencias, visiones del mundo o valores usados para justificar y formular prioridades y decisiones de investigación" (CIBANGU 2010, p.177). En ciencias sociales existen dos visiones paradigmáticas que tratan de diferente manera la subjetividad. De un lado, está el paradigma positivista-naturalista que apuesta hacia la neutralidad respecto a las opiniones, valores y sentimientos del/la investigador/a, buscando eliminar los efectos de estos sobre los datos. Del otro lado está el interpretacionismo-constructivismo basado en la construcción de los significados en la experiencia de los sujetos (DENZIN & LINCOLN 2012; GUBER 2004; HAMMERSLEY & ATKINSON 1994). Ahí la subjetividad de los sujetos es lo que ha ser explicado y, para ello, la subjetividad del/la investigador/a es un instrumento necesario. [2]

Cabe mencionar que, si bien es posible aislar el comportamiento humano en esquemas e indicadores, estos difícilmente pueden ser considerados "objetivos" o "neutrales". Su construcción remite a una decisión subjetiva, así como a la posición del/la propio/a investigador/a. El reto, como se verá en las siguientes páginas, no es ocultar esta injerencia sino evidenciar al "intruso"; ello no implica eliminar la subjetividad sino controlarla a fin de aprovechar su potencialidad.1) En suma, el argumento central del texto versa sobre la idea de que el proceder etnográfico no está orientado a eliminar la subjetividad del/la investigador/a, sino a nutrirla con las diversas subjetividades analizadas. [3]

De manera particular, el objetivo de este artículo es mostrar el potencial metodológico de la subjetividad y la intersubjetividad que subyacen al método etnográfico, debatiendo sobre sus fundamentos axiológicos, ontológicos y epistemológicos; es decir, aquellos supuestos que privilegian la relación del/la investigador/a y los sujetos que conforman el objeto de estudio. En otras palabras, esto refiere a "lo que debe estudiarse, las preguntas que es necesario responder, cómo deben preguntarse y qué reglas es preciso seguir para interpretar las respuestas obtenidas" (RITZER 2002, p.612); es decir, aquello que constituye un paradigma de investigación. Éste, en particular, remite a la forma en que se concibe la realidad analizada – supuesto ontológico –, a los medios utilizados para conocerla – supuesto metodológico –, así como a los valores y juicios valorativos que de ellos se desprenden – supuesto axiológico –, a partir de lo cual se construye conocimiento – supuesto epistemológico – (para aplicaciones similares sobre estos supuestos, véase SAUTU, BONIOLO, DALLE & ELBERT 2005). [4]

Los supuestos del método etnográfico, en particular, y del paradigma interpretativo-constructivista, en general, han sido ampliamente criticados por quienes, siguiendo el paradigma positivista-naturalista, apuestan por la objetividad y rigidez del método; desde ahí se califica el proceder cualitativo como una investigación blanda que no puede ser considerada como científica por su carácter exploratorio y subjetivo (véase, por ejemplo, GIROUX & TREMBLAY 2004; HERNÁNDEZ, FERNÁNDEZ & BAPTISTA 2006). Sin pretender sumar estas páginas a la amplia producción metodológica sobre el debate cuantitativo-cualitativo y sobre el proceder duro o blando en la investigación social (por ejemplo, DENZIN & LINCOLN 2012; PUNCH 2000; SAUTU et. al. 2005; TARRÉS 2001), como tampoco a las críticas sobre el "limite artificioso" de este debate (BASSI 2014),2) este artículo busca evidenciar dos de las particularidades del método etnográfico, las cuales muestran su potencialidad como paradigma de investigación social. [5]

Es por ello que aquí se propone abrir una "ventana epistémica" que permita, como lo mencionan BREUER y ROTH (2003), revalorar la (inter) subjetividad y, con ello, la reflexividad en ciencias sociales. Desde esta ventana se presenta, en un segundo apartado, el alcance interdisciplinar del método etnográfico. De haber emergido en el seno de la antropología, este método ha sido retomado en las últimas décadas – como parte del florecimiento de la metodología cualitativa – por investigadores de otros campos de conocimiento que buscan comprender los fenómenos sociales desde una perspectiva integral. Esto implica retomar la "doble hermenéutica" para comprender lo social (GIDDENS 1997) logrando condensar el saber científico o experto – explicaciones teórico-conceptuales de un campo de conocimiento particular –, con el del sentido común o lego de los sujetos de análisis.3) [6]

En el tercer apartado se presentan dos de los aspectos característicos del método: su flexibilidad y la intersubjetividad sobre la que se construye el conocimiento etnográfico. Para ello, primero se detiene la mirada en los momentos analíticos que constituyen el proceder metodológico para, posteriormente – en el cuarto apartado –, mostrar la forma en que se establece la relación etnográfica; es decir, una relación intersubjetiva construida por el/la investigador/a a fin de conocer la huella – en el sentido levinasiano (LEVINAS 1998) – dejada por los otros (sus informantes); lo cual remite al carácter reflexivo de la investigación (AMEIGEIRAS 2006; GUBER 2001). Cabe aquí mencionar que la relación etnográfica dista mucho de ser una "sociología espontánea" basada exclusivamente en el sentido común (BOURDIEU, CHAMBOREDON & PASSERON 2002, p.27). Como se muestra en ese apartado, la relación etnográfica – si se quiere artificial – se construye en la interacción del/la etnógrafo/a con los informantes desde la experiencia empírica y la reflexión teórica – lo cual constituye la "ruptura" bourdieuana del "saber inmediato" (pp.27-34) – para, con ello, alcanzar los objetivos de investigación. [7]

Ahora bien, considerando las implicaciones axiológicas, ontológicas y epistemológicas de esta relación, en el quinto apartado se propone un instrumento metodológico para "disciplinar" la subjetividad del/la investigador/a a fin de alcanzar la condición intersubjetiva (reconocimiento del otro).4) Finalmente, en el apartado de conclusiones se cierra la ventana epistémica denotando potencialidades, riesgos y limitaciones de este método. [8]

2. Etnografía: un método que trasciende fronteras disciplinarias

En este artículo se entiende la etnografía como un procedimiento, sistemático y regulado; como un método orientado a comprender la subjetividad de los fenómenos sociales; como un método que se refleja, de manera implícita o explícita, en los textos etnográficos – los cuales han tenido "gran importancia pedagógica" para mostrar "el método característico de la antropología" (MARCUS 2008, p.28). Es, retomando la propuesta antropológica más clásica, un procedimiento metodológico orientado a comprender los "imponderables de la vida real", esto es, el sentido de la acción y lo que los sujetos realmente hacen en su vida cotidiana (MALINOWSKI 1975, p.36). Se fundamenta, como toda metodología cualitativa, en dos paradigmas científicos: el constructivismo y el interpretacionismo. Desde ahí, el proceder científico rompe con dos supuestos propios del (post) positivismo: que la realidad es externa al investigador y que es cognoscible de forma objetiva (SALTALAMACCHIA 2012; SAUTU et. al. 2005). [9]

En particular, desde el paradigma constructivista se plantea que "no existe una, sino múltiples realidades, y éstas son socialmente construidas a través de la interacción social" (ARIZA & VELASCO 2012, p.18). Asimismo, esta multiplicidad exige una plasticidad metodológica que le implica al sujeto investigador ponerse en los zapatos del otro a fin de interpretar esa realidad desde su particularidad, evitando así los sesgos etnocéntricos – paradigma interpretacionista. Con ello se valora la perspectiva emic (visión de los sujetos analizados), para complementar la etic, es decir, la postura "objetiva" del/la investigador/a (HARRIS 1996). [10]

Entonces, al hablar del método etnográfico se piensa en la forma en que fueron elaborados los trabajos clásicos de la antropología social o cultural de MALINOWSKI, RADCLIFFE-BROWN, EVANS-PRITCHARD o BOAS, por mencionar algunos (HARRIS, 1996); pero también en las investigaciones contemporáneas que aplican la etnografía a los no-lugares de la sobremodernidad (AUGÉ 1992); a contextos organizacionales (SCHWARTZMAN 1993); urbanos (BOURGOIS 2010) o del sistema-mundo (MARCUS 1995); y hasta al ciberespacio (ESCOBAR et al. 1994). Es por ello que este artículo parte de la premisa de que la etnografía es un método vivo, en constante transformación, que trasciende barreras disciplinarias. Entonces, si bien, a inicios del siglo XX la etnografía nació en una disciplina – la antropología – que pronto se diferenció de otras – sociología, filosofía o psicología –, para finales de esa centuria la etnografía se erigió como un método interdisciplinario. Actualmente, cualquier investigador/a interesado/a en captar la perspectiva emic de los fenómenos sociales, acude a ella. [11]

De manera sintética se puede decir que los últimos años del siglo pasado, y producto de un largo y complejo proceso de transformación que aquí apenas se puede esquematizar, floreció la etnografía como un recurso metodológico en diversos campos de conocimiento donde se analizan fenómenos tan diversos como los movimientos sociales; los medios de comunicación y las industrias culturales; los aspectos sociales y culturales de la ciencia y la tecnología; el desarrollo, la migración y las relaciones internacionales; así como las relaciones organizacionales, ya sea en la escuela, la oficina o la industria (MARCUS, 1995). La proliferación de nuevos objetos de estudio en las ciencias sociales se conjugó con la crítica posmoderna y feminista en torno a la antropología y la escritura de textos etnográficos, particularmente con la publicación de la obra "Writing Culture" editada por CLIFFORD y MARCUS (1986), con la que se cuestionaba el método y la identidad misma de esa disciplina. Desde entonces proliferaron críticas sobre la autoridad socio-científica del género etnográfico, sobre su valor estético o heurístico; así como sobre la necesidad de imprimir un carácter humano y dialógico al método (MARCUS 2008). Con ello emergieron diversos experimentos para reinventar la antropología con la etnografía multisituada, la etnografía colaborativa, la antropología pública o la etnografía performativa (LASSITER 2005). [12]

En este contexto (en el que antropólogos discutían su especificidad epistemológica y refinaban su metodología), se favoreció la apertura de la antropología hacia el estudio de nuevos fenómenos sociales que merecían retomar la perspectiva emic (basada en el "estar ahí") para un abordaje integral. Entonces, a la par que los antropólogos cruzaron sus fronteras ontológicas (estudio de sociedades exóticas) para estudiar la propia; desde otras disciplinas sociales se comenzó a ver en la etnografía una opción metodológica relevante. En resumidas cuentas, reconfigurando la frontera entre lo propio y lo extraño, se abrió una ventana epistémica desde la que ya no sólo miran los antropólogos sino también los sociólogos, politólogos, psicólogos o comunicólogos. Una ventana que, como se muestra en los siguientes apartados, favorece un proceder flexible y una mirada (inter) subjetiva. [13]

3. Particularidades del método etnográfico: flexibilidad e intersubjetividad

Como modelo propio de la metodología cualitativa (SAUTU 2005), el método etnográfico se caracteriza por ser un proceso de investigación con dos particularidades, una sobre el diseño metodológico y otra sobre la construcción del conocimiento. Esto es: la flexibilidad metodológica que facilita un proceso de investigación interactivo y dinámico; así como la reflexividad epistemológica que le permite construir una relación intersubjetiva entre el/la investigador/a (sujeto cognoscente) y el/la informante (sujeto cognoscible).5) [14]

En otras palabras, el método etnográfico sigue un diseño flexible e iterativo que, por una parte, implica un ir y venir, un andar y desandar un camino guiado por la intuición y la creatividad (DURAND 2012); y, por la otra, remite a una sobreposición, a la manera de un pedimento, de diferentes bocetos que van construyendo una imagen final (DENZIN & LINCOLN 2012, p.4). Es también un proceso dialógico e intersubjetivo que se construye en la interacción cara a cara del/la investigador/a con los sujetos que conforman el objeto de estudio analizado. [15]

La flexibilidad del método no implica, empero, falta de rigor o sistematicidad. Como todo proceder científico, el método etnográfico se rige por reglas y procedimientos establecidos; de ninguna manera remite a un ejercicio arbitrario. De forma esquemática y formal se pueden identificar cuatro momentos iterativos del método en los que se triangulan diversas técnicas de investigación: preparación y primer acercamiento; trabajo de campo intensivo; cierre del trabajo de campo; y trabajo de gabinete. Estos momentos se caracterizan por combinar la destreza del/la etnógrafo/a para adentrarse en el mundo de los otros, aprovechando la subjetividad propia, pero controlándola, a fin de entablar una relación intersubjetiva y, con ello, captar la perspectiva de los sujetos de estudio. Para ello, mantener un registro escrito de lo documentado, observado y conversado – tanto en el diario de campo como en matrices analíticas y de sistematización –, es un elemento básico de rigurosidad científica. [16]

Como lo muestran diversos manuales metodológicos (por ejemplo, GUBER 2001 y 2004;TAYLOR & BOGDAN 1987), en el primer momento del método etnográfico, además de definirse el problema de estudio (planteando objetivos, preguntas y justificación) – como en cualquier investigación social –, se realiza un ejercicio de documentación y visitas exploratorias al campo, con lo que se ponen a prueba las primeras intuiciones y prenociones. El segundo momento, el trabajo de campo intensivo, implica una inmersión del/la investigador/a en el objeto de estudio. El "estar ahí" de este momento metodológico complementa la información que se pudiera obtener exclusivamente mediante entrevistas o documentación, lo cual se traduce en un plus epistemológico porque la construcción del dato se enriquece. El tercer momento refiere al cierre del trabajo de campo y se caracteriza por permitir estrategias más intrusivas, haciendo entrevistas semiestructuradas donde se elaboran preguntas tipo "abogado del diablo" a fin de esclarecer inconsistencias reportadas durante la observación (GUBER 2001, p.91). Finalmente, el cuarto momento del proceso está orientado a la sistematización y el análisis de los datos construidos en el trabajo sobre terreno. [17]

La huella de la subjetividad propia atraviesa cada una de estos momentos metodológicos, situación que hace necesaria la "vigilancia epistemológica" (BOURDIEU et al. 2002, p.24) sobre las propias prenociones; así como la "reflexividad" del/la investigador/a "sobre su persona y los condicionamientos sociales y políticos" (GUBER 2001, p.48). Esto es lo que aquí se plantea como el control reflexivo o disciplinamiento de la subjetividad propia. El control de la subjetividad del/la etnógrafo/a permite situar el lugar desde donde está situado el/la investigador/a a fin de aprovechar la segunda particularidad del método, es decir, su carácter dialógico e intersubjetivo. [18]

Este control posibilita entablar una relación intersubjetiva desde la que se puede captar la subjetividad de los otros (de los informantes y sujetos que integran el objeto de estudio). Sólo así, en palabras de Pierre BOURDIEU, es posible superar el "epistemocentrismo", es decir, "las determinaciones inherentes a la postura intelectual […] producto de una mirada teórica, [de] un ojo contemplativo" (citado en GUBER 2001, p.48); sólo así es posible, también, trascender el "etnocentrismo", es decir, "la situación en que el propio grupo es el centro de todo, y todos los demás son valorados y clasificados a partir de su relación con él" (SUMMER 2007, p.13). [19]

El control de la subjetividad propia actúa sobre las prenociones, los intereses personales y las intuiciones del/la investigador/a que imbrican, desde el primer momento, toda investigación social. En el método etnográfico estos elementos no deben eliminarse como lo plantea el paradigma positivista-naturalista, sino controlarse. La selección de un tema de investigación no es casual; la experiencia de vida suele jugar un papel significativo. Ahí es donde se cristaliza el primer "sesgo biográfico" de quien incursiona en esta empresa (LeCOMPTE 1987). El control reflexivo sobre la subjetividad propia genera la conciencia necesaria para situar las propias condiciones, visiones y opiniones a fin de distinguirlas de las que forman parte del objeto de estudio y de los informantes. [20]

Cuando el/la investigador/a no logra controlar estas primeras prenociones, intereses e intuiciones corre el riesgo de trasladarlas al objeto de estudio y depositarlas, como en una transferencia psicoanalítica, a los sujetos de estudio. Empero estas prenociones, intereses e intuiciones también tienen un aporte significativo en la investigación. Se conforman, por una parte, en el combustible que alimenta el proceso de investigación y, por la otra, en el primer mapa mental que guía al investigador/a por la realidad analizada. He ahí la importancia de aprovecharlas. [21]

Ahora bien, pensando en el ejercicio de documentación del método y considerando que los documentos son hechos sociales que tienen un "contexto de significación" específico (ATKINSON & COFFEY 2004) – lo cual redunda en documentos que recogen diversas subjetividades – también resulta necesaria, para alcanzar profundidad analítica, la "yuxtaposición de múltiples perspectivas" (BREUER & ROTH 2003, §9), de múltiples subjetividades. Con ello se comienza a disciplinar la subjetividad propia y a trabajar con las subjetividades plasmadas en los documentos. Al considerar las diversas perspectivas que hay sobre el tema tratado, identificando documentos primarios y secundarios en un corpus, así como la relación intertextual entre ellos (ATKINSON & COFFEY 2004), además de que se aprovecha y controla subjetividad impresa en los documentos, también se mantiene una alerta sobre la subjetividad del/la investigador/a. [22]

Lo mismo aplica durante el momento metodológico del trabajo de campo intensivo. Ahí el/la etnógrafo/a busca sumergirse en una realidad que, de inicio, le resulta extraña. Si la intención es comprender esa realidad desde adentro, el peso de la subjetividad propia, nuevamente, tiene un papel relevante. Para llevar a cabo observación participante el/la investigador/a convive y "participa" de las actividades del grupo social que interesa analizar; busca, de la manera menos invasiva, acercarse a los sujetos con quienes entabla entrevistas situacionales que refuerzan su observación. Esta participación, empero, no implica que el/la investigador/a se "convierta" adoptando las prácticas de sus informantes, sino que manteniendo su propia identidad como sujeto externo tenga una actitud colaborativa y proactiva que le permita generar una relación de confianza con los agentes sociales (esto es lo que se conoce como rapport).6) Con ello, el/la etnógrafo/a está controlando su propia subjetividad a fin de acercarse a la subjetividad de los otros. [23]

En suma, durante la documentación y el trabajo de campo la subjetividad del/la investigador/a y de los otros (plasmada en la acción y en los propios documentos) juega un papel relevante. No obstante, para lograr aprehender la subjetividad de los fenómenos analizados y comprenderlos desde adentro – fundamento epistemológico del método – resulta preciso mantener una actitud reflexiva además de implementar estrategias metodológicas específicas. Una de ellas es la "triangulación"; es decir, la estrategia para descentrar la subjetividad propia a fin de captar otras subjetividades.7) El/la etnógrafo/a puede triangular, como se había mencionado, la información recabada mediante la documentación a fin de captar las distintas voces/miradas que hay sobre el objeto de estudio. Asimismo, puede triangular, durante el trabajo de campo, adoptando tácticas de la investigación-acción participativa o la etnografía colaborativa; es decir, discutiendo las notas – o, incluso, el borrador del texto final – con algún informante clave. Con ello se está haciendo una clase de triangulación similar al trabajo en equipo, útil para evitar el tradicional enfoque denominado por Jack DOUGLAS como del "Llanero Solitario" (citado en TAYLOR & BOGDAN 1987, p.93). Otra estrategia para controlar la subjetividad propia tiene que ver con el ejercicio reflexivo que se propone en el quinto apartado de este artículo. [24]

4. La huella del otro: La intersubjetividad como recurso metodológico

Intersubjetividad y alteridad tienen un papel relevante en la construcción del conocimiento etnográfico. Ello refiere a la imbricación e influencia entre investigador e informantes, entre ego y alter. Porque la visión del/la investigador/a es insuficiente para captar la complejidad sociocultural y humana, esta relación permite aprehender a profundidad el fenómeno analizado: "Esta profundidad es posible siguiendo un principio general de la producción de conocimiento que surge de la yuxtaposición de múltiples y diversas perspectivas" (BREUER & ROTH 2003, §9). Esa yuxtaposición implica apertura a otros enfoques, lo cual requiere de una crítica sobre la perspectiva propia, así como una reflexión descentrada respecto al etno/epistemocentrismo del/la investigador/a. [25]

La etnografía se fundamenta en un juego que condensa cercanía y lejanía del/la investigador/a respecto al objeto estudiado y a los agentes sociales que lo conforman.8) A diferencia de otros métodos, en particular de aquellos que siguen una metodología cuantitativa – en particular, desde el paradigma positivista o postpositivista, donde la realidad es considerada como externa a un sujeto-investigador (supuesto ontológico), quien es capaz de captarla de manera objetiva (supuesto epistemológico) y, por tanto, independiente de sus pasiones, principios y valores (supuesto axiológico) –, el método etnográfico se nutre de la naturaleza intersubjetiva y múltiple de la realidad analizada. Ello implica que el/la investigador/a, al estar inmerso/a en el contexto investigado (supuesto ontológico), influye y es influido por el mismo (supuesto epistemológico). La objetividad, entonces, aparece como una camisa de fuerza; es irreal e inadecuada considerando la naturaleza del método. Recuérdese que este método se alinea con los supuestos básicos del paradigma constructivista: el conocimiento depende de nuestros sentidos, conceptos, esquemas lógicos, lenguaje e instrumentos (para un discusión más amplia al respecto véase, BREUER & ROTH 2003; DENZIN & LINCOLN 2012; SALTALAMACCHIA 2012). [26]

Lo importante aquí es controlar la subjetividad propia a fin de aprehender las subjetividades de los otros; es decir, las huellas que ellos dejan a su paso en el devenir histórico y en cierto contexto social (LEVINAS 1998). El método etnográfico permite acercarnos al tiempo y al espacio del otro, a la vivencia individual y la experiencia colectiva que, de otro modo, nos resultarían inalcanzables. Si bien la exigencia metodológica básica de la etnografía (particularmente, con el trabajo de campo y la observación participante) hace que sea un método del presente (de las vivencias individuales), la triangulación de técnicas que la conforma (mediante la documentación y la entrevista) permite aprehender el pasado de los sujetos investigados (su experiencia colectiva); posible así reconstruir procesos, captando la ausencia impresa por la huella de los otros desde un presente etnográfico. Entonces, el método etnográfico posibilita, por una parte, reconstruir la experiencia colectiva (la eleidad, en términos levinasianos) de los otros en "tercera persona" – de aquellos que trascendieron la propia temporalidad de su acción (p.72); así como, por la otra, captar la vivencia individual del otro interpelado en el presente etnográfico. [27]

Debido a que, como se mostró antes, este proceder metodológico le demanda al investigador/a sumergirse en la realidad estudiada, la relación etnográfica se construye en un equilibrio entre autonomía y heteronomía. Un equilibrio que, considerando la alteridad, erige intersbujetividad. En la relación etnográfica (véase Figura 1) construida por el/la investigador/a – ego –, éste se vincula, desde su propia autonomía, con sus informantes – los otros (alter) – en una vinculación de interdependencia (autonomía-heteronomía). En ella, los sujetos interactúan en una situación ideal de apertura (ELIAS 1982) que permite la imbricación y el entendimiento.9) En particular, esta relación implica la vinculación de dos sujetos, quienes desde su propia condición de acción y enunciación interactúan mediante un reconocimiento mutuo. En términos formales, ello refiere a que, cada cual, desde su propia identidad, se acerca a la especificidad del otro (a su alteridad). [28]

Específicamente, como se muestra en la Figura 1, si describimos la relación desde los ojos del/la investigador/a (ego) ubicamos un juego de imágenes y representaciones sobre el mismo y el otro a partir del cual se construye el conocimiento etnográfico.10) Ambos sujetos tienen una representación mental de sí y del otro (o los otros), la cual es proyectada en una imagen.



Figura 1: Relación etnográfica (Elaboración propia) [29]

En la situación etnográfica, como en toda relación intersubjetiva que equilibra la autonomía del yo y su heteronomía respecto al otro, ego construye una representación mental de alter dependiendo de la imagen que recibe (directa o indirectamente). Ahora bien, la representación mental que ego tiene de sí es la huella que los otros (no sólo informantes sino también colegas, mentores y demás sujetos con los que interactúa) han dejado en él. Es producto de su experiencia de vida (personal y profesional); es la suma de las imágenes que él/ella y los otros han construido sobre su ser. De la misma forma se construye la representación mental y, por tanto, la imagen proyectada por alter. Es producto de su vivencia individual y experiencia colectiva. Es esta imagen proyectada en las enunciaciones y las acciones de los informantes la que, como la huella del otro, es asequible mediante el método etnográfico. [30]

Considerando el proceder del método etnográfico, es posible descomponer esquemáticamente esta relación intersubjetiva en, al menos, dos fases. En la primera, el/la investigador/a – sin haber tenido contacto previo cara a cara – construye una representación mental del informante basada en sus prenociones axiológicas, ontológicas o epistemológicas (perspectiva etic). Una vez que avanza el trabajo sobre terreno y el/la etnógrafo/a comienza a sumergirse en la vida del/los/las informante/s, le es posible superar sus prenociones y captar la imagen proyectada por alter respecto a su vivencia y experiencia, sustituyendo así la imagen que inicialmente había construido sobre él. Entonces es, en la segunda fase, cuando ego podrá captar lo que Bronislaw MALINOWSKI (1975, pp.23-37) calificó como los "imponderables de la vida real" y el "espíritu de vida" de los nativos. Sólo entonces podrá entender la integridad del fenómeno refinando, complementando e, incluso, reformando su perspectiva etic con la emic. Sólo así se construye conocimiento etnográfico y se logra entablar una relación intersubjetiva. Para ello es preciso que el/la investigador/a trascienda su propia identidad y se abra a la alteridad de los informantes. Esto implica controlar la propia subjetividad (las representaciones mentales sustentadas en prenociones, así como las imágenes sobre alter proyectadas inicialmente por ego) a fin de alcanzar la subjetividad del otro (captar las imágenes proyectadas por alter) y, así, garantizar la intimidad del dato etnográfico. [31]

5. La intimidad del dato y el control de la subjetividad

Para asir la huella del otro es preciso evidenciar, por una parte, los componentes que conforman la subjetividad propia, la biografía del/la investigador/a; eso que también se ha llamado el "sesgo biográfico" (LeCOMPTE 1987); así como, por otra parte, la mirada ontológica y epistemológica desde la que el/la investigador/a sitúa su análisis; lo cual, en el apartado anterior, se identificó como la representación mental de ego sobre su ser. Esta representación se construye en la experiencia de ego y en la relación con los distintos alter a lo largo de su trayectoria de vida (informantes, colegas, tutores, etcétera). Existen diversas propuestas para controlar esta impronta subjetiva y "epistemocéntrica". Ya sea que se realice una "etnografía de la mente" o un "psicoanálisis intelectual" (p.43), o bien, una (auto) observación descentrada (BREUER & ROTH 2003), el objetivo es similar aunque el procedimiento tiene elementos específicos (pero compatibles).11) [32]

En particular, la propuesta de LeCOMPTE enfatiza el análisis sobre la posición del/la investigador/a considerando su trayectoria académica y personal. Para ello se identifican las fuentes de influencia (conscientes o inconscientes) que derivan, por una parte, de su formación académica y desarrollo profesional, ubicando el efecto que tienen o tuvieron paradigmas, mentores o colegas; y, por la otra, aquellas que proceden de su propia condición biográfica: historia de vida y situación socioeconómica y demográfica. Por su parte, BREUER y ROTH proponen un ejercicio reflexivo que permite realizar, en cada etapa, una introspección con la que el/la investigador/a no sólo observa a los participantes, sino a sí mismo/a, evidenciando y documentando las marcas que deja su posición (epistemológica y axiológica) en el proceso de investigación. [33]

Ambas propuestas coinciden en que el/la investigador/a debe reflexionar sobre su experiencia personal y formación profesional; asumiendo una "metaperspectiva" (BREUER & ROTH 2003, §18) y haciendo una "reflexión epistemológica" (BASSI 2014, §29). De esta forma, el centro de la atención analítica no está sólo en el objeto-sujeto de estudio, sino en el propio investigador/a a fin de evidenciar las huellas de los otros en su conformación como sujeto cognoscente y cognoscible. Conjugándolas, aquí se construye un instrumento que le posibilita al investigador/a disciplinar su propia subjetividad (véase Tabla 1). Considerando los cuatro momentos que conforman el método – reseñados en el tercer apartado –, con este instrumento se busca que el/la etnógrafo/a documente las marcas que deja su presencia en el proceso de investigación identificando, por un lado, las fuentes de influencia que han pautado su trayectoria; así como, por el otro, evidenciando la perspectiva desde la que se acerca al sujeto-objeto analizado. Este instrumento permite identificar la posición del/la investigador/a a fin de darle autenticidad a los datos, confiabilidad a la interpretación, así como ética al proceso (para una discusión más amplia sobre estos criterios de calidad véase VALLES 1999, p.103). [34]

La autenticidad de los datos implica abarcar las múltiples y diversas perspectivas para alcanzar la profundidad en la mirada etnográfica. La confiabilidad de la interpretación remite, a su vez, a tres criterios: a) la credibilidad (que depende de la calidad de los recursos técnicos, por ejemplo la intensidad del trabajo de campo o la triangulación de datos y técnicas); b) la transferibilidad (relacionada con el muestreo cualitativo o significativo);12) y c) la transparencia del método que hace posible seguir el rastro del proceso de investigación. Finalmente, la ética en el proceso refiere al posicionamiento del sujeto investigador-en-interacción frente a los sujetos y el objeto analizados.

Criterios de calidad

1. Preparación y primer acercamiento

2. Trabajo de campo intensivo

3. Cierre del trabajo de campo

4. Trabajo de gabinete

Autenticidad

¿Qué perspectivas analíticas considero válidas para abordar mi tema? ¿Cuáles no?

¿Qué elementos (discursos, acciones) parecen relevantes para mi investigación? ¿Cuáles no? ¿Por qué?

¿Qué vacíos de información tengo después de haber realizado el trabajo de campo intensivo?

¿Qué perspectivas empíricas y teóricas dejo fuera de mi formulación analítica final?

Credibilidad

¿Qué fuentes de información empleo para acercarme al objeto de estudio?

¿Cómo distribuyo mi tiempo en el trabajo sobre terreno?

¿De qué manera podría acceder a la información que no obtuve en el trabajo de campo?

¿Cómo manejo la información contradictoria que pudo haber surgido del ejercicio de triangulación?

Transferibilidad

¿Qué sujetos he identificado inicialmente? ¿Cuál es su posición respecto a los demás sujetos? ¿Qué ventajas y desventajas tiene esto?

¿Qué acceso tengo a mi objeto y sujetos de investigación?

¿Cómo puedo ampliar mi muestra de oportunidad hacia una muestra evaluada?

¿Qué informantes pueden ser clave para comprobar la información de campo?

¿Logré acceder a los distintos grupos/ facciones?

¿Cómo reporto las distintas miradas y voces encontradas en el trabajo sobre terreno?

Transparencia

¿Es la primera vez que analizo este tema? ¿Cómo se convirtió en “mi” tema/problema de investigación?

¿Qué conocía y desconocía de mi objeto-sujeto de estudio? ¿Qué me pareció difícil de conocer?

¿Cómo me aproximé a los sujetos? ¿Fue una estrategia exitosa? ¿Por qué?

¿Por qué no pude obtener cierto tipo de información? ¿Pude subsanar los vacíos de información? ¿Cómo lo hice?

¿Qué hallazgos son congruentes con mis planteamientos teóricos iniciales? ¿Cuáles no?

¿De qué manera incorporé la información de campo para retroalimentar mi marco teórico?

Ética

¿Qué opiniones tengo sobre el tema? ¿Qué es lo que más me atrae? ¿Qué es lo que más me disgusta de él?

¿De qué manera me presento frente a los sujetos de estudio? ¿Hasta qué grado uso mi “autoridad científica” (posición como investigador/a) para desvincularme de los sujetos analizados?

¿Qué expectativas generé en mis informantes con mi estancia en campo? ¿De qué manera puedo cubrirlas?

¿Cómo voy a reportar aspectos “delicados” de la información obtenida?

Tabla 1: Ejercicio reflexivo para disciplinar la subjetividad del/la investigador/a (Elaboración propia) [35]

Como se muestra en la Tabla 1, en cada momento del proceso se enfatizan unos criterios de calidad sobre otros. Así, debido a que en la preparación y el primer acercamiento se construye el objeto de estudio y el problema de investigación, la reflexión busca evidenciar las prenociones y las perspectivas teóricas desde las que se parte, así como las que se dejan fuera (criterios de ética, autenticidad y transparencia). En lo que toca al segundo momento, los criterios primordiales son el ético desde el cual se define la relación intersubjetiva; el de autenticidad para captar las distintas voces; y el de transferibilidad para definir la muestra. Ahora bien, como el cierre del trabajo de campo puede estar orientado a la triangulación técnica con entrevistas semiestructuradas, los criterios de credibilidad y transferibilidad cobran mayor importancia. Finalmente, en el último momento del proceso (trabajo de gabinete), la transparencia es el criterio más importante para que el proceso sea trazable – y, en su caso, evaluado – por cualquier observador externo. [36]

La aplicación de este instrumento permite al/la etnógrafo/a identificar posibles sesgos relacionados con su posición axiológica, ontológica y epistemológica. Las prenociones y prejuicios sobre el tema o los sujetos de investigación; así como la perspectiva teórica asumida inicialmente deben ser cuestionadas por el/la propio/a investigador/a. Asimismo, durante la estancia en campo también se deben identificar las posturas a favor y en contra tomadas frente al objeto y los sujetos. Ahora bien, si por sus características biográficas (por razón de género, edad o condición socioeconómica), el/la etnógrafo/a no tiene acceso a aspectos específicos del objeto analizado mediante la observación directa, estas ausencias deben ser evidenciadas y – en la medida de lo posible – subsanadas con información secundaria (documental y de otras investigaciones). Finalmente, en el trabajo de gabinete se deben dejar las pistas seguidas durante todo el proceso, tanto en la construcción de la información documental y de campo, como en su sistematización e interpretación. Ello ha de quedar plasmado en los productos de la investigación, como parte de la propia descripción etnográfica. [37]

Al contestar esta batería de preguntas en cada etapa del proceso se evidencia y controla la subjetividad propia; y se favorece captar la huella de los otros. De esta manera la reflexividad sobre la subjetividad propia se convierte en una herramienta útil para comprender la alteridad y asir la intimidad de aquellos datos construidos en la intersubjetividad de la relación etnográfica. [38]

6. Consideraciones finales. Potencialidades, riesgos y límites del método

En este artículo se mostró que el método de la etnografía es un proceso de investigación dinámico e interactivo caracterizado por la reflexión del yo (investigador-en-interacción) para entender al otro (sujeto-objeto investigado). En este proceso se configura una relación dialéctica e intersubjetiva donde el conocimiento construido depende de la posición y percepción de ambos sujetos: el investigador y el investigado. Aquí se propuso formalizar el proceder del método etnográfico en cuatro momentos iterativos que articulan un proceder flexible pero no arbitrario, a fin de visibilizar las dos características del método: la flexibilidad y la reflexividad. [39]

Si bien la metodología cualitativa se caracteriza por estar fundada en la cualidad subjetiva del objeto de estudio, aquí se propuso que el método etnográfico, además, se caracteriza por la intersubjetividad desde la que se construye el dato etnográfico. En este proceder metodológico (específicamente durante el trabajo de campo) se construye una relación entre ego y alter, entre el/la investigador/a y sus informantes, fundamentada en el reconocimiento mutuo, el respeto y la confianza (rapport). Ello permite construir el dato etnográfico, el cual se distingue de otros (el que se construye, por ejemplo, en una entrevista semiestructurada "aislada")13) porque no sólo muestra el discurso del sujeto sino también su práctica (es decir, las dos dimensiones de la información emic). Esto es posible porque el proceso etnográfico se caracteriza, de manera particular, por construir datos-en-la-interacción. Ahí el/la investigador/a observa y participa de las prácticas de sus informantes a fin de captar su esencia, su espíritu; complementando con ello su perspectiva etic. [40]

La relación etnográfica se construye a partir de las imágenes y representaciones de los sujetos-en-interacción (investigador e informante). Si bien está orientada, primordialmente, a alcanzar los objetivos marcados por el investigador (construcción de conocimiento) – por lo que tendría un carácter, si se quiere, "artificial" –, ello no implica que sea una relación deshumanizada. De ahí que los criterios éticos jueguen un papel nodal. Asimismo, para que esta relación permita construir datos confiables que recojan la subjetividad de los otros y no que reflejen sólo la subjetividad del/la investigador/a, es preciso que el/la etnógrafo/a realice un ejercicio continuo de reflexión. Existen diversas propuestas para ello. Aquí se expuso una diseñada para contestar una batería de preguntas que, alineadas con los criterios de calidad de cualquier método cualitativo, permiten controlar el "sesgo" subjetivo a fin de construir una relación intersubjetiva que permita aprehender la huella del otro, es decir, su alteridad. Estas preguntas deben realizarse en cada momento del proceso y están orientadas a evidenciar la posición del/la investigador/a considerando su propia experiencia biográfica y su postura epistemológica. [41]

El ejercicio reflexivo para disciplinar la subjetividad del/la investigador/a se traduce, en suma, en una reflexión epistemológica que debe acompañar cualquier proceso de investigación pero, particularmente, el que sigue el método etnográfico debido a la centralidad que tiene entender, desde adentro, la realidad analizada; esto requiere absorber la perspectiva de los propios sujetos. De esta manera se gana rigor metodológico y se favorece la transparencia del proceso. Esto último remite finalmente, a reflexionar sobre las potencialidades, riesgos y limitaciones del método. [42]

En el tercer apartado se mostró que el método etnográfico no puede ser sino flexible: el/la investigador/a tiene la posibilidad de aplazar, regresar, avanzar o detenerse dependiendo de las circunstancias particulares del objeto de estudio y su contexto. Esta potencialidad, empero, puede tener un riesgo al favorecer un proceder desordenado en el que el/la investigador/a pierda el rumbo. Para prevenir este posible extravío – y su consecuente falta de rigor y sistematicidad – resulta pertinente enfatizar que la etnografía, pese a ser un proceso maleable, es un método; esto es, un ejercicio sistemático y regulado. [43]

Los instrumentos de indagación y sistematización juegan un papel relevante; son la brújula del/la investigador/a. Si el/la etnógrafo/a no tiene claridad sobre su problema de investigación, si no documentó sistemáticamente el caso y si no utilizó esa información para redactar guías de observación, muy probablemente se perderá en la inmensidad de la realidad observada. De igual forma, si el/la investigador/a no realiza un registro detallado de lo observado durante su estancia sobre terreno, tendrá datos desarticulados que le impedirán vislumbrar los posibles vacíos de información y, con ello, no optimizar el trabajo de campo con estrategias de triangulación. Finalmente, si el/la etnógrafo/a no realiza un ejercicio de reflexión permanente durante todo el proceso corre el riesgo de perderse en su propia subjetividad y, con ello, ser incapaz de captar la alteridad de sus informantes. Ello conduce a la segunda particularidad del método: la intersubjetividad. [44]

En este artículo se planteó que la subjetividad es una característica de la metodología cualitativa (y, según BASSI [2014], también de la cuantitativa), pero la intersubjetividad es condición específica del método etnográfico. Esta característica requiere un control sobre la subjetividad del/la investigador/a. Sólo si se disciplina la propia subjetividad, mediante un ejercicio introspectivo permanente, es posible captar la huella del otro entablándose así una relación intersubjetiva. El riesgo que conlleva esta particularidad – la intersubjetividad – es que el/la investigador/a olvide que la relación etnográfica es una situación "artificial" erigida para alcanzar los objetivos del estudio. Es preciso aquí aclarar que la artificialidad de la relación no implica falsedad y tampoco le quita su carácter humano y, por tanto, ético; es artificial en el sentido de que el/la investigador/a no forma parte "natural" del escenario o el fenómeno analizado. Como se apreció en el texto, si bien la frontera entre sujeto cognoscente y cognoscible se diluye en la interacción etnográfica – porque ambos sujetos se construyen y construyen los datos – el/la investigador/a no deja de ser aquél cuyo objetivo primordial es explicar o interpretar la realidad observada. Sólo si se tiene en mente este rasgo, será posible alcanzar los objetivos de la investigación. [45]

Agradecimientos

La redacción de este artículo se inscribió en el marco del proyecto desarrollado en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, titulado "Gobernanza regulatoria e innovaciones democráticas: Inercias institucionales y alternativas organizacionales en los espacios gubernamentales de participación" con el que obtuve la Beca para las Mujeres en las Humanidades y las Ciencias Sociales 2014 conferida por la Academia Mexicana de Ciencias; así como la Beca del Institute for Advanced Study para realizar tres estancias de Verano en New Jersey (2015), Paris (2016) y Upsala (2017). Agradezco las valiosas observaciones que el lector secreto hizo a la primera versión de este artículo.

Notas

1) En esto es preciso enfatizar que aquí se habla de control o disciplinamiento de la subjetividad propia − es decir, la del/la investigador/a − no porque se considere que es un elemento negativo; por el contrario, se considera que es un insumo positivo para comprender la realidad desde la perspectiva de los sujetos estudiados, para lo cual ha de pasar por un proceso continuo de reflexividad por parte del/la etnógrafo/a. <regresar>

2) BASSI (2014, §19) plantea que el debate cuanti-cuali obedece más a una serie de "acusaciones mutuas" basadas en "supuestas diferencias" que a distinciones reales. Al respecto, aquí se considera que las dos metodologías son "principios de razonamiento" (SAUTU 2005, p.29) que sí parten de supuestos básicos propios. Ello no implica, empero, hacer divisiones ficticias sino heurísticas, así como tampoco la imposibilidad de imbricación de datos o la complementariedad de métodos. <regresar>

3) Recuérdese que GIDDENS acuñó el término "doble hermenéutica" para referirse a la interpretación de "un mundo preinterpretado"; es decir, "un universo que ya está constituido dentro de marcos de sentido por los actores sociales mismos", el cual es reinterpretado por el/la investigador/a dentro de esquemas teóricos específicos (1997, pp.190-194). <regresar>

4) Cabe mencionar que aquí se habla de "disciplinar" o controlar la subjetividad propia − hacer una "etnografía de la mente" (LeCOMPTE 1987, p.43 ) − como un medio para aprovecharla a fin de lograr captar la subjetividad de los otros (esto es lo que en otros textos se denomina "reflexividad", véase, por ejemplo, GUBER 2001). Ello es pertinente porque sería ingenuo pensar que la subjetividad propia no implica ciertos "sesgos" (LeCOMPTE 1987, p.44) en la investigación si es que no se le somete a un análisis reflexivo por parte del/la investigador/a; pero también es una dimensión útil la cual ha sido poco valorada, sobre todo desde el paradigma positivista, desde la cual se intenta eliminar (véase, por ejemplo, GIROUX & TREMBLAY 2004). En suma aquí la subjetividad del/la investigador/a es importante siempre y cuando se logre aplicarla de manera reflexiva − disciplinada− para acceder a la subjetividad de los otros. <regresar>

5) En esto habrá que considerar que el sujeto cognoscente "es productor a la vez que producto de su realidad, siendo además posible que esa realidad sea la misma que se ha propuesto investigar" (GUBER 2004, p.29). Con ello, como se abunda en el siguiente apartado, la distinción entre el sujeto cognoscente (investigador/a) y el cognoscible (informantes) se diluye. <regresar>

6) En esto cabe distinguir la observación participante de la investigación-acción participativa. En la primera, el/la investigador/a es quien se involucra en las actividades del grupo social; mientras que en la segunda el/la investigador/a propicia la participación de los sujetos en el diseño y desarrollo del estudio (para mayor detalle, véase GUBER 2001; TAYLOR & BOGDAN 1987). Aquí también habría que diferenciar la observación participante de la participativa (distinción hecha por Didier FASSIN en agosto de 2015, durante la estancia de verano realizada en el Institute for Advanced Study). La primera es llevada por un agente externo a la realidad analizada, mientras que la segunda es aquella que efectúa un/a investigador/a nativo/a (quien forma parte del grupo o comunidad observada). <regresar>

7) En particular, TAYLOR y BOGDAN definen triangulación como "la combinación en un estudio único de distintos métodos o fuentes de datos. […] La triangulación suele ser concebida como un modo de protegerse de las tendencias del investigador y de confrontar y someter a control recíproco relatos de diferentes informantes. Abrevando en otros tipos y fuentes de datos, los observadores pueden también obtener una compresión más profunda y clara del escenario y de las personas estudiados" (1987, pp.91-92). <regresar>

8) De ahí que la separación tajante entre sujeto cognoscente y cognoscible se difumine. En la relación etnográfica ambos sujetos (investigador e informante) asumen roles activos al construir el dato en la interacción. <regresar>

9) Esto refiere a la propuesta de Norbert ELIAS sobre las vinculaciones sociales (específicamente afectivas), que le permiten a un "hombre abierto" (en contraposición a un homo clausus) relacionarse con los otros para crear un nosotros (1982, p.163), lo cual remite a cierto equilibrio entre la autonomía del individuo y su dependencia con los otros (heteronomía). <regresar>

10) Al hablar de imágenes y representaciones se piensa en la propuesta que hiciera el lógico suizo Jean Blaize GRIZE sobre la lógica de la argumentación y su esquematización analítica: Las imágenes están dispuestas en el discurso y la acción, mientras que las representaciones están ubicadas en la mente del agente (GUTIÉRREZ 1991, pp.109-110). <regresar>

11) Aquí enfocamos la mirada en dos propuestas sin negar la diversidad de reflexiones y proposiciones para la construcción comprensiva en ciencias sociales (véase, un debate al respecto en GIDDENS 1997; GUBER 2001; HAMMERSLEY & ATKINSON 1994; SALTALAMACCHIA 2012; TARRÉS 2001; VALLES 1999; VASILACHIS 2006). <regresar>

12) La muestra cualitativa o significativa se basa en atributos social y culturalmente relevantes (según el objeto de estudio). Su calidad depende de la combinación de dos tipos de muestras: la "de oportunidad" (siguiendo la estrategia de "bola de nieve" y el rapport); y la "evaluada" con la que se amplía el espectro muestral hacia perspectivas diferentes, incluyendo informantes que fungen como contrapeso de la muestra de oportunidad (GUBER 2004, pp.122-123). <regresar>

13) Es decir, aplicada fuera del contexto participativo del trabajo de campo. <regresar>

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Autora

Laura MONTES DE OCA BARRERA es investigadora asociada en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus líneas de investigación son: gobernanza y toma de decisión pública; metodología de la investigación cualitativa; y acción colectiva. Es docente del laboratorio en etnografía del programa de posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Contacto:

Laura Beatriz Montes de Oca Barrera

Instituto de Investigaciones Sociales (IIS)
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
[Ciudad de la Investigación en Humanidades, Circuito Mario de la Cueva sin número, Ciudad Universitaria, CP 04510, México DF, Coyoacán

Tel.: 56 22 74 00 Ext. 257

E-mail: lbmontesdeoca@sociales.unam.mx
URL: https://unam.academia.edu/LauraBeatrizMontesdeOcaBarrera; http://ru.iis.sociales.unam.mx/jspui/handle/IIS/4665

Cita

Montes de Oca Barrera, Laura Beatriz (2016). Una ventana epistémica a la (inter) subjetividad. Las potencialidades del método etnográfico [45 párrafos]. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research, 17(1), Art. 8,
http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs160183.



Copyright (c) 2016 Laura Beatriz Montes de Oca Barrera

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