Volumen 18, No. 1, Art. 20 – Enero 2017



Crímenes de Estado, espacialidad y memorias en la Argentina: el caso del Hospital Posadas, Buenos Aires

Emilio Crenzel

Resumen: En este artículo se examinarán las transformaciones espaciales operadas en el Hospital Posadas y sus barrios adyacentes durante el ciclo de violencia política y dictadura militar en Argentina y su inscripción en las memorias de sus trabajadores y habitantes. El Hospital Posadas, ubicado en la localidad de Haedo, en la provincia de Buenos Aires, fue epicentro de un proceso de radicalización política hasta el golpe de Estado de 1976. Tras el golpe, funcionó en sus dependencias un centro clandestino de detención donde estuvieron personas cautivas en condición de desaparecidas mientras se seguían desarrollando las prácticas habituales relativas al centro de salud. Simultáneamente, en sus barrios adyacentes se desenvolvió una intensa represión política. Se considera aquí que el espacio constituye uno de los marcos sociales fundamentales de la memoria colectiva y que en sus permanencias y transformaciones se materializan, a la vez, las memorias sociales de los actores que luchan por dotar de sentido el pasado. Se entiende que, por ello, este análisis permitirá historizar y comprender el proceso de violencia política en la zona a partir de los cambios operados en la topografía del Hospital y del barrio y de su impacto en las memorias de sus trabajadores y habitantes.

Palabras clave: espacios; memorias; desapariciones; Hospital Posadas; Argentina; historia oral

Índice

1. Introducción

2. La creación del Hospital Posadas

3. Violencias de Estado y restructuración espacial y político-social

4. Memorias de la violencia y la dictadura

5. Conclusiones

Apéndice

Notas

Referencias

Autor

Cita

 

1. Introducción

El Hospital Posadas, ubicado en la localidad de Haedo, en el oeste de la provincia de Buenos Aires, fue epicentro de un proceso de radicalización política, signado por la conquista de demandas de sus médicos, técnicos y trabajadores, y de crecimiento en su seno de las agrupaciones de la izquierda peronista y marxista hasta el inicio de la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983). Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, funcionó en sus dependencias un centro clandestino de detención donde estuvieron personas cautivas en condición de desaparecidas mientras se seguían desarrollando las prácticas habituales relativas al centro de salud. Simultáneamente, en sus barrios adyacentes, constituidos por edificios en torre y viviendas precarias habitadas por sectores populares, se desenvolvió una intensa represión política. En este artículo se examinarán las transformaciones espaciales operadas en el Hospital Posadas y en sus barrios aledaños durante el ciclo de violencia política y dictadura militar en Argentina, cómo esos cambios modificaron la configuración espacial constituida en las décadas previas, y de qué manera estas transformaciones se inscribieron en las memorias de los trabajadores del Hospital y de los vecinos de los barrios cercanos al nosocomio. [1]

En sintonía con los presupuestos de Maurice HALBWACHS (2004a [1925]), quien en la segunda década del siglo XX fundó en el campo de la sociología el concepto de memoria colectiva, se considera que los individuos no recuerdan de manera aislada, sino en grupos espacial y temporalmente situados que, mediante marcos específicos, otorgan sentido a sus experiencias. Sostuvo también que el pasado no podía ser recordado a voluntad y en su totalidad, ya que su evocación implicaba procesos de selección a partir de los intereses y valores del presente. Así, la memoria comenzó a ser pensada en clave plural, dada la multiplicidad de grupos sociales, y el sentido del pasado abandonó su condición de "cosa" inmutable, susceptible a la aprehensión literal de la voluntad privada, para entenderse como fruto de la dinámica política y cultural, y por ende, de las luchas por dotarlo de significado. [2]

Asimismo, HALBWACHS propuso que el el espacio constituye uno de los marcos sociales fundamentales de la memoria y que en sus permanencias y transformaciones se materializan, a la vez, recuerdos y olvidos de los actores que luchan por dotar de sentido el pasado. HALBWACHS entendía que el espacio era fruto de una construcción social y que su configuración, continuidades y cambios condensaban relaciones sociales propias de los grupos que habían intervenido en esos procesos. También, sostenía que la memoria social de estos grupos se apoyaba en determinadas imágenes espaciales sobre los lugares en que desenvolvían su existencia (HALBWACHS 1941, 2004b [1950], pp.131-161). NORA (1996), posteriormente, precisó que la memoria está articulada a lugares tanto materiales como simbólicos que establecen y proveen de identidad a los individuos y a las comunidades, al ofrecerse como vehículos que mediatizan sus vínculos con el pasado. [3]

De manera creciente, una vasta literatura internacional ha examinado las relaciones constitutivas entre memoria y espacialidad y las luchas que, no exentas de violencia, libran diferentes actores por imponer su sentido de los acontecimientos en la configuración material, performativa y simbólica del espacio (ALDERMAN & HOELSCHER 2004; GILLIS 1994; HUYSSEN 2003; SAID 2000; TILL 2003; WACHTEL 1986; entre otros). Así, el espacio urbano, la ciudad, puede ser pensada como un sistema de representaciones, un producto cultural complejo que, a su vez, es decodificado a partir de diversas corrientes de pensamiento que la reconocen y representan mediante códigos no escritos (BOYER 1994). Desde este punto de vista, la memoria urbana se condensa en la ciudad misma, en toda su topografía, y no se restringe a su objetivación en archivos, museos y monumentos (SZTULWARK 2005). Es decir, la configuración del espacio y de la memoria apela y convoca a los sentidos en la triple acepción del término "como recorrido, sensibilidad y significación de la propia experiencia" (ZARONE 1993, p.23). [4]

Se entiende, en base a estos presupuestos, que este análisis permitirá historizar y comprender el proceso de violencia política en la zona a partir de los cambios operados en la topografía del Hospital y del barrio, y de su impacto en las memorias de sus trabajadores y habitantes. Las páginas que siguen intentan retratar estos procesos, a partir de la combinación de diversas técnicas de investigación, y la elaboración y examen de fuentes primarias y secundarias. Por un lado, entre 2009 y 2011, realicé treinta y dos entrevistas, doce de ellas a trabajadores del Hospital Posadas – médicos, enfermeras, personal administrativo – y veinte a vecinos moradores del barrio aledaño al Hospital. Las entrevistas fueron producto de la técnica de "bola de nieve", hasta alcanzar el criterio de saturación teórica. Esto es, el número de entrevistas se consideró suficiente cuando la información recolectada en ellas no agregó datos substantivos a los que habían provisto las entrevistas ya realizadas. [5]

Los entrevistados fueron seleccionados respetando cuotas de igual proporción entre varones y mujeres. Sus edades superaban en general los cincuenta y cinco años, ya que debían reunir como condición haber trabajado en el Hospital o habitado en sus barrios adyacentes desde antes del golpe de Estado ocurrido al momento de realizar las entrevistas, 38 años y medio atrás. Mientras el personal del Hospital entrevistado, en su gran mayoría, había tenido algún tipo de participación política o gremial, entre los habitantes del barrio se seleccionaron cuotas iguales de personas con trayectoria militante y otras que no la tuvieron. Finalmente, mientras los entrevistados que formaron parte del personal del Hospital, en su gran mayoría, habían participado de algún tipo de militancia política o gremial, entre los habitantes del barrio se seleccionaron cuotas iguales de personas con participación y sin participación militante. [6]

Dado el carácter exploratorio del trabajo, sus conclusiones no pretenden ser representativas. Esto es, que evidencien las memorias y representaciones del universo de trabajadores del Hospital Posadas y del conjunto de los vecinos de sus barrios aledaños. Se limitan, en cambio, a proponer ciertas ideas que deberán ser contrastadas a partir de un mayor cúmulo de evidencias empíricas, observaciones de campo y/o nuevas entrevistas en profundidad. La interpretación de las entrevistas comprende la prevención teórico-metodológica de considerar la afectación de las respuestas ofrecidas ante preguntas retrospectivas sobre eventos traumáticos y de fuerte presencia en el espacio público, ocurridos hace cuarenta años. En función de ello, las respuestas de los entrevistados fueron analizadas como un tipo de "evidencia histórica", no perdiendo de vista los juegos de lenguaje y sentido en el que participan los entrevistados propios de las luchas por la memoria en las que se inscribe todo testimonio, y enmarcándolos en los contextos de enunciación que establecen las claves narrativas y explicativas, los límites "de lo decible" (POLLAK 2006, p.12), y no sólo en su adherencia a los hechos, sino también en su alejamiento a ellos (PORTELLI 1991, p.43). Por otro lado, el artículo se basa en la revisión de fuentes secundarias – trabajos de investigación e informes sobre el Hospital Posadas y sus barrios adyacentes –, y en el examen de la información obrante sobre las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas en el Hospital Posadas recabadas por la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), por la Inteligencia militar y policial, obrante en el Archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA) y por la justicia, recabada en el marco del juicio que, por violaciones a los derechos humanos en el Hospital, se sustanció entre 2009 y 2012. [7]

2. La creación del Hospital Posadas

La creación del Hospital Posadas se inscribió en el proceso de movilidad social ascendente y de ampliación de los términos de la ciudadanía en la Argentina que impulsaron los gobiernos del primer peronismo a mediados del Siglo XX. El Hospital fue construido en la década de 1950, por iniciativa de la Fundación Eva PERÓN, habiéndose proyectado su construcción para cumplir funciones en la atención de enfermos con afecciones pulmonares crónicas y tuberculosis. Para su edificación fueron expropiadas 50 hectáreas a familias de la oligarquía, incluyendo la familia MARTÍNEZ DE HOZ, uno de cuyos descendientes sería ministro de Economía de la última dictadura militar. [8]

En las dependencias del Hospital funcionaron durante varios años institutos de investigación experimental y clínica, y de prestación de servicios asistenciales limitados. En abril de 1970 comenzó a funcionar como Hospital General de Agudos y en 1972 se inauguró oficialmente como "Policlínico Profesor Alejandro Posadas". En 1973, tras la asunción del presidente Héctor CÁMPORA, que significó el regreso del peronismo al gobierno, y en un contexto de agitación política y ascenso de las luchas populares, ingresaron al Hospital por concurso público jóvenes médicos formados en el sistema de residencias, con dedicación exclusiva a su actividad profesional, y un alto grado de compromiso con la medicina pública (JUZGADO NACIONAL EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL NRO 3 2007, p.31). Para junio de 1973, médicos, técnicos y empleados tomaron las dependencias del Hospital, reclamando un centro de salud de "puertas abiertas" a la comunidad, en contraposición al modelo de centro de salud especializado que, entendían, comprometía el Hospital Posadas. De hecho, diversos testimonios refieren a que el Hospital "era muy elitista", ya que "todo era absolutamente brillante, de lujo, fantástico, pero con un pequeño detalle: no había enfermos". La comunidad que rodeaba al Hospital no sabía que allí podía ser atendida: "Era un lugar prácticamente cerrado", "El Hospital no tenía nada que ver con la comunidad" y además "Estaba absolutamente vacío"1). Al mismo tiempo, los médicos y trabajadores lograron imponer, por votación y en una asamblea masiva, a un nuevo director del Hospital, el doctor Julio RODRÍGUEZ OTERO, desplazando así a las autoridades designadas por la dictadura militar de la llamada "Revolución Argentina" (1966-1973). En paralelo, médicos y técnicos decidieron comenzar a utilizar la casa que como residencia ubicada en el propio predio del Hospital, estaba destinada al director y a su familia, a fin de que se desenvolviesen allí las actividades de los grupos terapéuticos coordinados por el equipo de psiquiatría2). [9]

Estos cambios en la estructura de autoridad del Hospital quedaron grabados en las memorias de sus profesionales, técnicos y empleados como un proceso de apropiación sobre un territorio hasta entonces ajeno, el cual a partir de un proceso de conflicto, comienza a ser visualizado como propio (JELIN & LANGLAND 2003, p.1). Elina AGUIAR, quien como profesional participaba de los grupos de atención psiquiátrica recuerda la casa del director transformada en espacio de reunión de los grupos de psiquiatría: "Era una casa preciosa, los pacientes sentados en sillones, un montón de habitaciones. Los de psiquiatría usábamos esa casa para hacer los grupos terapéuticos. Era un lujo increíble, te imaginas... teníamos todo lo que quisiéramos". Zulema CHESTER, cuyo padre trabajaba en la sección de estadísticas del Hospital, recuerda que a partir de los cambios mencionados, el Posadas se transformó en "una extensión de mi casa", y todos en mi familia y en el barrio comenzamos a sentir al Hospital como propio"3). Otro tanto recuerda Gladys CUERVO, enfermera:

"Yo amaba este Hospital, todos amábamos este Hospital. El Hospital era como una cosa nuestra, lo amábamos. Era como un hijo grande. Yo tenía infinidad de horas, entre comillas, extras, porque al final ni se cobraban o eran a compensar, pero en mi vida recuerdo haberme tomado un día para compensar. Los artículos 8 que ahora se los toman religiosamente ni nos tomábamos los artículos 8. Era un compromiso con el Hospital, el Hospital era nuestro hijo. Y teníamos un ámbito de trabajo pero además un ámbito social, teníamos nuestras relaciones, nuestras amistades. Nos juntábamos a charlar, de repente íbamos a tomar un café. Éramos todos amigos, vos entrabas en todos los servicios como en tu casa. Cada servicio era como el dormitorio de un hermano. Vos golpeabas la puerta y decías "hola como te va"4). [10]

Los meses siguientes al cambio de autoridades se caracterizaron por la ampliación y el aumento de la actividad hospitalaria. Creció el número de camas de internación y se habilitaron nuevos servicios: Cardiología, Terapia Intensiva, Ortopedia y Traumatología. Paralelamente, se desarrolló una intensa relación entre el Posadas y la comunidad, con un alto nivel de participación del personal hospitalario a través de sus organizaciones gremiales, como la Asociación de Profesionales del Policlínico Posadas y la seccional RAMOS MEJÍA de la Asociación de Trabajadores del Estado. [11]

Enclavado en un área que en ese entonces tenía mucha actividad fabril, en el Hospital Posadas también se realizaron numerosas asambleas de trabajadores de establecimientos industriales de la zona, como la metalúrgica Santa Rosa, entre otras. [12]

Según un informe de inteligencia que se encuentra en el archivo de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, residentes de la villa de emergencia emplazada en las cercanías del Hospital también habrían participado de la toma del nosocomio (BATALLÓN DE INTELIGENCIA 601 1976). [13]

Más allá de la precisión de este dato, lo cierto es que los barrios adyacentes al Hospital Posadas no eran ajenos al contexto político. En 1969 se había conformado, a partir de un proceso de ocupación de tierras, el barrio Carlos GARDEL, y los departamentos de monoblocks del barrio SARMIENTO, los cuales albergaban en 1973 a 3.500 y 9.000 personas respectivamente (BONANOTTE, CRESPO & LOZANO 1988). [14]

En mayo de 1973 los médicos del Hospital habían instalado, en ambos barrios, consultores pediátricos que atendían las necesidades sanitarias de sus habitantes tres veces a la semana y se realizaban reuniones en organizaciones sociales y políticas de la zona, y donde se implementaron varias campañas de vacunación masiva. Estas actividades se llevaron a cabo a partir de los lazos que establecieron los médicos y técnicos del Hospital con los líderes de manzana del barrio Carlos GARDEL y el club de madres, el centro de alfabetización de adultos y el jardín de infantes que funcionaban allí. En el barrio SARMIENTO establecieron relaciones con los representantes de los vecinos, elegidos por cada monoblock y escalera, y con la guardería, la administración del barrio y el club de madres. En ambos casos también establecieron vínculos con los diferentes grupos de izquierda tradicional, en especial con el Partido Comunista y con los grupos armados peronistas y marxistas que realizaban actividades políticas en la zona, en particular el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los Montoneros. Susana AVALO, militante del barrio, recuerda que:

"El Hospital era abierto, no había ningún muro. La gente los sábados y domingos, todo lo que era el parque del Hospital, iba a hacer el picnic, era familiar, era una plaza pública. Hacer el picnic, tomar mate, jugar a la pelota, era un clima bueno con el Hospital"5). [15]

Este proceso, signado por la constitución de alianzas entre médicos, enfermeras y trabajadores del Hospital Posadas y vecinos de los barrios adyacentes, se manifestará en otro hecho significativo. El 22 de agosto de 1974, al cumplirse el segundo aniversario del asesinato a manos de la dictadura militar de la llamada "Revolución Argentina", de quince presos políticos pertenecientes a grupos guerrilleros en la localidad patagónica de Trelew, el barrio SARMIENTO fue renombrado, por decisión de las comisiones de vecinos, como Mariano PUJADAS, miembro de la organización guerrillera peronista Montoneros que había sido asesinado por la marina de guerra en la base naval de Trelew. Varios vecinos recuerdan la presencia del padre Carlos MUGICA, ligado a la tendencia revolucionaria del peronismo, en el acto en que se rebautizó el barrio y se colocó un monolito en memoria de PUJADAS6). [16]

En síntesis, el proceso de movilización social y radicalización política se tradujo en una transformación profunda de la relación entre los médicos y técnicos del Hospital Posadas y los vecinos de los barrios circundantes con su espacio. En primer lugar, las autoridades del Hospital fueron suplantadas y perdieron su morada en el predio del nosocomio. Ésta pasó a ser utilizada para el funcionamiento de los equipos de salud mental. En segundo lugar, el centro de salud se abrió a la comunidad, flexibilizando sus fronteras en un doble y simultáneo movimiento: hacia los barrios circundantes mediante campañas de intervención sanitaria en la zona y, a la vez, a su interior a través de la intervención de los vecinos de esos barrios en la toma de decisiones sobre la configuración jerárquica del Hospital. En tercer lugar, cuando los barrios adyacentes fueron reapropiados por sectores populares organizados y como símbolo de este proceso, la denominación de uno de ellos fue reemplazada por el nombre de un combatiente revolucionario en memoria de quien también se construyó un monumento en la trama urbana. Todos estos procesos conformaron una "territorialidad sentida" (JELIN & DEL PINO 2003, p.3). Esto es un conjunto de experiencias y prácticas sociales que invistieron al espacio social de sentido y, a sus habitantes, de sentimiento de pertenencia al mismo. [17]

3. Violencias de Estado y restructuración espacial y político-social

La relación de profesionales, técnicos y trabajadores con el Hospital Posadas y de los vecinos de los barrios aledaños con sus condiciones de existencia se modificó a partir de 1974. Tras la muerte del presidente PERÓN y la asunción de su viuda, María Estela MARTÍNEZ, la represión estatal y paraestatal fue en aumento. Ello se tradujo en una serie de cambios políticos en el Hospital y en los barrios adyacentes. Por un lado, el director del Hospital, RODRÍGUEZ OTERO, elegido en 1973 en asamblea por el personal del Posadas, es desplazado de su cargo por el Dr. PIMENTEL. En este hecho participó un grupo armado proveniente del Ministerio de Bienestar Social, a cargo de José LÓPEZ REGA, quien además era uno de los conductores del grupo parapolicial Alianza Anticomunista Argentina ("Triple A"). Cristina PFLÜGER, trabajadora social y delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado, recuerda el clima que rodeó aquella intervención de la cual:

"participó gente del ministerio de bienestar social, gente de López Rega. Ya para ese momento varios habíamos sido amenazados telefónicamente. Yo vivía con mis padres y no teníamos teléfono y llamaban a lo de un vecino, y me amenazaban diciéndome que tenía una hermana...que pensara mucho en ella ... si no quería que la reventaran ... y además cuando llega esta patota con Pimentel, que es quien queda como director, lo primero que decretan es que no pueden hacerse reuniones interdisciplinarias"7). [18]

En paralelo, la intervención fue desplazando de sus puestos a los jefes de diversos servicios del Hospital. Tras la intervención, un conjunto de relaciones que había fundado una territorialidad social signada por la horizontalidad y la participación, comenzó a ser desarticulada. [19]

Ante la situación represiva que se vivía en el país, y en particular en el Hospital tras la intervención, un grupo de médicos, técnicos y trabajadores creó un "comité de resistencia", que se reunía fuera del ámbito del Hospital. De este modo, la intervención del Hospital supuso un segundo quiebre entre el personal movilizado y la espacialidad del nosocomio. Mientras tanto, en el barrio PUJADAS el clima represivo era similar. En 1975, un atentado con explosivos destruyó el monolito en homenaje a PUJADAS. [20]

Rosa, vecina del barrio, recuerda este hecho, aunque lo sitúa cronológicamente tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

"En el año 1976 le pusieron la bomba al monolito y se perdió. Sí, sí, sí, lo dinamitaron directamente. Le pusieron una ... ponen la bomba en el monolito y después hacen un escape de gas ¡tiran gas, un camión, que nosotros creíamos que se fundía el mundo no sabíamos cómo! Corríamos a cerrar las ventanas porque empezó a tirar gases lacrimógenos un camión, al otro día que desaparece el monolito, vino un camión con soldados... Empezaron a hacer sonar las sirenas para llamar a la gente y tiraron los gases lacrimógenos, yo me acuerdo de eso. Una tarde fue eso"8). [21]

La asincronía entre el tiempo en que se consumó la voladura del monolito y el recuerdo de la entrevistada, revela el impacto que en las memorias de médicos, técnicos, trabajadores y vecinos del Hospital Posadas, generaron las violencias desplegadas por las fuerzas de represión del Estado tras el golpe de marzo de 1976. [22]

De hecho, cuatro días después del golpe militar, el domingo 28 de marzo de 1976, tropas militares ocuparon el Hospital Posadas. El operativo estuvo a cargo del general Reinaldo BIGNONE, delegado de la Junta Militar en el área de Bienestar Social y luego presidente de facto entre junio de 1982 y diciembre de 1983. En el mismo, participaron cien soldados apoyados por tanques, carros blindados, helicópteros, camiones, la Policía de la Provincia de Buenos Aires y la Fuerza Aérea (JUZGADO NACIONAL EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL NRO 3 2007, p.52). Las fuerzas militares atribuyeron la acción a la presunta existencia de túneles secretos, construidos por la subversión, que comunicaban al Hospital con los barrios aledaños, a la atención en el Hospital de guerrilleros heridos y a la supuesta existencia de un depósito de armas en el Posadas. De este modo, tanto el Hospital como sus adyacencias constituían, para el imaginario castrense, territorios dominados por la subversión. (INSTITUTO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES 2004). [23]

En función de esa caracterización, las fuerzas militares vulneraron tanto el espacio público del Hospital como la esfera privada de los hogares de médicos, trabajadores y vecinos del mismo: efectuaron requisas y se apostaron en las entradas del Hospital portando listas con nombres de los trabajadores, que debieron formar fila mientras el personal de vigilancia determinaba quiénes debían ser detenidos. En medio de golpes y vejaciones, más de 50 trabajadores fueron cargados en camiones y llevados a diferentes centros clandestinos de detención. Los domicilios de varios de ellos fueron allanados, sus muebles y efectos personales dañados y sus familiares torturados. Además se efectuaron rastrillajes y detenciones en el barrio Carlos GARDEL y en el barrio de monoblocks Mariano PUJADAS, aledaños al Hospital. Posteriores testimonios brindados por los sobrevivientes revelaron que los prisioneros fueron repartidos entre el centro clandestino de detención ubicado en el propio Hospital, la Superintendencia de Seguridad Federal (en la ciudad de Buenos Aires), la Comisaría de Castelar, la Base Aérea de Morón y el centro clandestino de detención "El Vesubio" (todos estos en diversas localidades del Gran Buenos Aires). Varios de ellos fueron luego llevados a cárceles como Villa Devoto y la U 9 de La Plata, donde permanecieron durante meses encarcelados, sin abrirse causa penal a ninguno de los detenidos (JUZGADO NACIONAL EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL NRO 3 2007, p.89). [24]

A partir del procedimiento militar, asumió como Interventor del Policlínico el Coronel Médico DI BENEDETTO, quien declaró en comisión a todo el personal, licenció a todos los detenidos y les prohibió la entrada al establecimiento, al igual que a otros trabajadores del Hospital. Además, despidió a más de 150 empleados y profesionales, y en aplicación de las leyes de la dictadura 21.260 y 21.274 prohibió el funcionamiento gremial. El control espacial sobre personas y cosas se volvió microfísico. En cada piso y escalera del Hospital se apostaron soldados que interrogaban a médicos, enfermeras y trabajadores, y las tropas irrumpían en los consultorios médicos revisando e interrogando a los pacientes. A partir del 14 de abril de 1976 y hasta el 8 de marzo de 1977, asumió la Dirección del Policlínico el Coronel Médico (RE) Julio R. ESTEVÉZ. Una de sus primeras medidas aplicadas fue contratar a un grupo integrado por ex policías y policías en actividad que provenían del Ministerio de Bienestar Social. Los empleados del Hospital apodaron "Swat" a este grupo armado, en alusión a una serie televisiva norteamericana muy popular en aquel momento, que mostraba los avatares de un grupo de policías de elite entrenados para ocuparse de situaciones críticas. Los "Swat" fueron convocados por el director ESTEVÉZ en virtud de "las muy precarias condiciones de seguridad contra las agresiones externas de las villas contiguas e internas, de resentidos, disociadores y subversivos" (JUZGADO NACIONAL EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL NRO 3 2007, p.115). Así, la escala represiva en la zona procuró la escisión del espacio del Hospital y de los barrios adyacentes. [25]

Simultáneamente, el chalet donde funcionaban los grupos terapéuticos fue rodeado por un muro y una alambrada y, tras desalojar a los equipos médicos de allí, fue convertido en un centro clandestino de detención que funcionó entre noviembre de 1976 y febrero de 1977, desconociéndose el número de desaparecidos que estuvieron cautivos en este lugar (CONADEP 1984, pp.117-119). La construcción del muro y la alambrada supuso el aislamiento del centro clandestino de detención respecto del resto del Hospital, y la pérdida de otra de las especialidades conquistadas en 1973. Una psiquiatra del servicio recuerda que:

"A partir del golpe nos prohíben hacer el grupo. Los de psiquiatría usábamos esa casa para hacer los grupos terapéuticos. Cuando llega la intervención militar se deja de hacer grupo de un día para el otro y se van los sesenta concurrentes. Y esa casa, no sabíamos ... y empiezan a construir. Decíamos ... estos tipos que son unos oligarcas, mirá como construyen paredes para separarnos del barrio Carlos Gardel. Y unos reflectores. Pero mirá que ironía de la vida, de hacer grupo terapéutico, eso pasó a ser centro clandestino"9). [26]

Asimismo, el propio espacio físico donde estaba ubicada el despacho del director del Hospital se convierte, a partir de la intervención militar, en un área restringida identificada por los propios trabajadores como un lugar de riesgo, donde pasaban cosas extrañas. Según relató Lidia HAJEWSKI, Jefa del Departamento de Enfermería, ante el Juzgado Federal de Primera Instancia en lo Criminal y Correccional de la municipalidad de Morón que investigó inicialmente las violaciones a los derechos humanos en el Hospital Posadas, ella fue informada por una compañera, de que la enfermera y técnica de esterilización Gladys CUERVO había sido llamada a la Dirección del Hospital. Según sus palabras, dado que consideraba que en la Dirección siempre sucedía algo fuera de lo común acordó, con todo el personal del servicio de enfermería, que se le debía comunicar cuando alguien fuese convocado a la Dirección. Entonces, se dirigió a la Dirección del Hospital. Logró franquearla "a pesar de que no le permitían pasar, ya que era área restringida" ingresó "hasta la antesala de la dirección" donde se encontró con una persona que le manifestó que CUERVO "no había sido llamada de la Dirección". Entonces, se dirigió al piso en el que trabajaba CUERVO donde le dijeron que, tal como le habían dicho, "la habían llamado de la Dirección, y que se había ido hasta allí". HAJEWSKI afirmó que luego de una hora "se corrió el rumor en el Hospital de que se la habían llevado detenida"10). [27]

Además de CUERVO, entre junio y diciembre de 1976 desaparecen Ignacio Jesús LUNA, Josefina PEDEMONTE, empleada de guardería, Jacobo CHESTER, empleado de estadísticas, Angélica CAIRO, enfermera, Osvaldo FRAGA, enfermero, Jorge ROITMAN, médico y Julio QUIROGA, empleado de la imprenta. Meses después Daniel CALLEJA, Gloria CAPELLA y María Ester GOULECDZIAN son, también, desaparecidos (JUZGADO NACIONAL EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL NRO 3 2007, p.189). [28]

La represión en los barrios adyacentes fue igualmente intensa. El 4 de julio de 1976, Francisco FERNÁNDEZ, Capitán de navío retirado y Director Nacional de Emergencias Sociales, le envió una carta al entonces presidente el general Jorge VIDELA. En ella señalaba que:

"Toda la población de las localidades de El Palomar, Caseros, Ramos Mejía y Haedo, jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires, desean la erradicación o depuración de la famosa Villa Carlos Gardel ubicada en los fondos del Instituto Posadas por las siguientes razones: dicho barrio alberga extremistas, comunistas y delincuentes de toda índole, entre los que figuran adultos, adolescentes y hasta menores de edad, que constituyen un constante riesgo para todas las familias que habitan en sus adyacencias por los frecuentes atentados a mano armada en plena calle y en los domicilios particulares y comercios de la zona. Algunas personas afectadas se abstienen de formular denuncias por temor a represalias. Agradecemos la solución que se pueda dispensar a los recurrentes por parte de las autoridades nacionales" (ARCHIVO CONADEP). [29]

Más allá de la verosimilitud de la carta, lo cierto es que Susana ÁVALO recuerda que:

"la organización barrial fue desmantelada, eliminándose a los delegados por monobloks y persiguiendo a los dirigentes. Mi mamá fue desaparecida y yo también estuve desaparecida y luego fui liberada. El nombre del barrio fue nuevamente cambiado, ahora por el del famoso cantor de tangos, Carlos Gardel. El barrio fue ocupado por tropas del ejército, que llegaron con helicópteros y controlaban la entrada y la salida del barrio. Estábamos detenidos dentro del barrio. Esa presencia militar duro cinco años, hasta 1981. Durante todo ese tiempo, el barrio vivió con terror ante la presencia de los uniformados pero también de encapuchados que circulaban por las noches"11). [30]

De este modo la violencia paraestatal anterior al golpe, y en especial la violencia de Estado posterior al mismo, fueron desarticulando las relaciones sociales constituidas en el Hospital Posadas y en sus barrios aledaños durante los años previos y, con ellas, la conformación de un tipo de espacialidad específica. Las violencias de Estado significaron la restauración de un orden jerárquico y represivo, cuyos indicadores más salientes fueron la entronización de directores militares en el nosocomio, la presencia y ocupación militar tanto del Hospital como en los barrios adyacentes, la instalación de un centro clandestino de detención donde se mantenían cautivas a personas en condición de desaparecidas en el seno mismo del predio del Hospital, el control microfísico del espacio y de los cuerpos, la vulneración y el arrasamiento del espacio público conquistado en el período anterior y de la intimidad de los hogares de quienes lo habían hecho suyo, y la escisión creciente entre el espacio hospitalario y el barrial. [31]

4. Memorias de la violencia y la dictadura

"Era el dueño de estas tierras. En el año 1974 vino acá el padre Mugica y, en un acto en el playón, se hizo un monolito y descubrieron una placa con el nombre del dueño de estas tierras, Mariano Pujada. Mariano Pujada era el dueño de estas tierras y las había donado para que se construyera el barrio Sarmiento"12).

Este relato de Adelaida, una moradora del actual barrio Carlos GARDEL, ubicado en las inmediaciones del Hospital Posadas, revela los lazos entre el poder, la memoria social y las representaciones colectivas sobre la espacialidad y las ciudades. La narración de la entrevistada da cuenta de una noción de cierto sentido común para el cual los nombres de las ciudades, los barrios y las calles remiten a un panteón de próceres, héroes militares y elites propietarias. [32]

Pero también refiere a una fractura de la memoria o a un silencio que oblitera la historia. Mariano PUJADAS estaba lejos de ser un dueño de tierras. Nacido en Barcelona en 1948, fue fundador y dirigente de la guerrilla peronista Montoneros en la provincia de Córdoba. Estaba por recibirse de ingeniero agrónomo y, quizás, ese era su único lazo con la tierra. Como se señaló, el 22 de agosto de 1972, PUJADAS fue asesinado junto a otros 15 integrantes de organizaciones guerrilleras en una base naval cuando, tras una fuga de presos políticos, la Marina fusiló extrajudicialmente a un grupo que no logró escapar. A pesar de que, como se afirmó, la entrevistada recuerda la colocación y destrucción del monolito, la identidad de PUJADAS es evocada e inscripta en un panteón ajeno a las gestas revolucionarias. Es PUJADAS quien, como propietario de tierras, crea el barrio SARMIENTO y no quien con su nombre sustituye por decisión de los vecinos, el nombre del prócer anterior. En la versión de la entrevistada el prócer, "el propietario de tierras" y los habitantes del barrio se anudan sin conflictos en la génesis del espacio barrial a partir del gesto generoso de PUJADAS. Si este comienzo es propuesto al margen de toda disputa, otro tanto ocurre con el relato acerca de la clausura del espacio barrial. Tanto la voladura del monolito, las ventanas cerradas como refugio ante los gases y la presencia de los soldados, proponen la idea de que el barrio y la comunidad son fracturados desde afuera, como producto de la irrupción de la intervención militar. [33]

Otros son los recuerdos de Daniel, de sesenta años de edad, quien vive y trabaja hace cuarenta como albañil en el barrio Carlos GARDEL. No tiene parientes o allegados desaparecidos ni participó en actividades políticas o asociativas. En su juventud, fue uno de los tantos trabajadores de la construcción que participó de la edificación de los monoblocks del barrio SARMIENTO y luego trabajó en el mantenimiento del Hospital Posadas. Pese a haber trabajado en la construcción del barrio, nunca se preguntó por qué alguna vez éste llevó el nombre de Mariano PUJADAS. El nombre del barrio y sus cambios fueron naturalizados y los orígenes de su denominación, nunca interrogados. [34]

Daniel recuerda que en el barrio circulaba con fuerza la idea de que el Posadas era un "Hospital Rojo". Se decía que en 1973 habían ingresado médicos jóvenes, sindicalistas y de filiación comunista o montonera. Evoca ese tiempo como un período en el cual en el Hospital se hacían frecuentemente reuniones y encuentros políticos de los que participaban "los villeros" de Carlos GARDEL y que, según escuchó decir en el barrio, varios de los que participaban de esas actividades concurrían armados. También recuerda las actividades de médicos y técnicos del Posadas en el barrio. Asegura que era un tiempo, como el actual, de intranquilidad. Se cometían a diario hechos delictivos, robos, asaltos a personas y a comercios, cuyos autores, dice, eran amparados por el Hospital. Los "villeros", señala, parecían ser quienes decidían qué se hacía en el Posadas. [35]

Daniel recuerda nítidamente el día 28 de marzo de 1976, fecha de la ocupación militar del barrio y el Hospital. Si bien evoca el miedo que sufrió cuando a los pocos días de la ocupación le pidieron sus documentos personales y lo palparon en un retén del ejército, asegura que tras ello se habituó y consideró normal la presencia de los uniformados en el barrio. Sostiene que:

"Era un control minucioso, un tanto molesto para la población, pero necesario" y afirma que nunca tuvo problemas con los soldados. Por el contrario, opina que a partir de esta situación en el barrio se comenzó a vivir más tranquilamente13). [36]

Las evocaciones de Daniel combinan las experiencias directas que vivió en el barrio en los tiempos de dictadura con la referencia a comentarios, rumores y relatos producidos por otras personas, sin especificar quiénes fueron los portadores y transmisores de esos mensajes. Su relato sobre la represión no esgrime una negación de lo sucedido sino la admisión y valoración positiva de ciertos hechos represivos de carácter público. En su memoria, el golpe militar restituyó el orden en el territorio, posibilitó la distinción entre los vecinos del barrio y algunos de sus moradores y el Hospital. Este nuevo orden territorial y simbólico supuso el establecimiento de fronteras, los retenes, como también la incorporación de nuevos actores a la trama barrial, los soldados, cuya presencia fue normalizada como parte del paisaje urbano. Según este relato, el golpe vino a terminar con el miedo de modo que su memoria no convoca la idea o la imagen de un territorio ocupado sino todo lo contrario: un territorio de orden restituido. [37]

Pablo, de 63 años, fue militante en el Hospital de la ya mencionada organización político-militar, Ejército Revolucionario del Pueblo, de orientación guevarista. Pablo tiene ex compañeros de militancia desaparecidos, y otros que estuvieron en condición de presos políticos en las cárceles legales de la dictadura. Pablo recuerda que la represión política en el barrio comenzó antes del golpe de Estado de 1976. También, que los lazos entre el Hospital y los barrios adyacentes se habían ido quebrando durante el año 1975, el año anterior al golpe de Estado. [38]

Al evocar la situación en el barrio PUJADAS tras el golpe, recuerda que:

"El barrio estaba militarizado, y aquellos moradores que estaban endeudados en sus créditos hipotecarios habían comenzado a ser desalojados por el ejército...era terrible la represión (...) Lo primero que las autoridades militares hicieron cuando ocupan el Hospital fue construir un paredón y un doble alambrado. El barrio cada dos por tres sufría operativos, bajaban con helicópteros y con todo, se metían escalera por escalera, departamento por departamento, buscando gente"14). [39]

Por la información que circulaba en su organización en términos generales sobre el cariz que asumía la represión y, específicamente, por testimonios de vecinos y de compañeros de militancia supo de la participación de fuerzas del Ejército y de la policía en secuestros y detenciones, y del vínculo con estos hechos por parte de las fuerzas de seguridad apostadas en el Hospital. Sin embargo, nunca imaginó que dentro del Hospital estuviera localizado un centro clandestino, hecho del que tomó conocimiento tras el comienzo del período democrático en diciembre de 1983. [40]

Los recuerdos de Pablo proponen otra imagen del barrio PUJADAS. En ellos, la trama barrial y comunitaria, los lazos del barrio con el Hospital y los militantes, son desgarrados por las violencias de Estado expresando fracturas de las cosas y de los cuerpos. En este sentido, las rupturas de las relaciones sociales establecidas dan cuenta de la reconfiguración espacial y política del territorio y de sus habitantes. En ese contexto, la trama visible de la represión, omnipresente y a la vez microfísica, opaca su faceta clandestina. [41]

Por último, Osvaldo, Guillermo y el "Turco", militantes montoneros y de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), recuerdan sus desapariciones entre 1976 y 1978 y proponen la imagen de una serie de escisiones que vivieron y sufrieron. La primera, de la trama barrial, tras desenvolverse la represión; y la segunda, ya en democracia, entre el Hospital y el barrio. [42]

El barrio, recuerdan con relación a los tiempos dictatoriales, quedó fracturado del Hospital mediante un paredón y una cerca. Pero la propia trama barrial fue segmentada mediante los retenes militares, las requisas permanentes y la presencia uniformada en las calles. Otro tanto, y de manera invisible, hizo el miedo. El temor operó desmantelando relaciones sociales preexistentes. El espacio público pareció disolverse como tal, y dio lugar a un creciente proceso de fragmentación de las relaciones y de los espacios de sociabilidad colectiva, "desde la sociedad de fomento, la organización de peñas musicales e incluso de las actividades religiosas que se realizaban en la capilla". Esta fragmentación de las relaciones sociales, subrayan, no fue revertida en democracia e, incluso, atraviesa a los trabajos de memoria. Los entrevistados expresan que, de hecho, en las conmemoraciones anuales a los desaparecidos que se realizan en el Posadas, nunca se incluye en el homenaje o en las placas que los recuerdan en la entrada del Hospital a los desaparecidos del barrio15). [43]

De este modo, el conjunto de entrevistas presentado revela la diversidad de memorias que, sobre la violencia política y la dictadura, circulan en el Hospital Posadas y sus barrios aledaños. Más allá de sus diferencias, todas exponen fracturas y huecos, simbólicos y subjetivos, que encuentran su correspondencia en las transformaciones de la materialidad del Posadas y sus adyacencias. Son rupturas del orden de las relaciones sociales y del espacio en el cual se sostenían, y el cual habían contribuido a modificar antes de la última dictadura militar. También evidencian la presencia de memorias favorables a los aspectos ordenancistas del golpe de Estado, tanto en relación al espacio social que éste transformó, como respecto de la desarticulación y reconstitución de las relaciones sociales que desarrolló en un doble y simultáneo movimiento. Varios testimonios dan cuenta de la fractura de la territoridad, constituida por las relaciones sociales de solidaridad, al interior del barrio y al interior del Hospital. De este modo, refieren al quiebre del "nosotros" existente antes del ejercicio de la violencia estatal, y a su doble desarticulación. Por un lado, a la ruptura de relaciones sociales entre el Hospital y el barrio. Por otro, a las fracturas al interior del espacio barrial y de la trama del Hospital. Por último, un testimonio expone el borramiento y resignificación de la historia barrial, al inscribir la institución del barrio con el nombre de PUJADAS en las genealogías que anudan los nombres de las ciudades, los barrios y las calles con el poder y expone, con crudeza las fracturas de la memoria popular que devienen en su extrañamiento respecto de la historicidad del propio territorio habitado. [44]

5. Conclusiones

En estas páginas se historizó el proceso de constitución del Hospital Posadas y sus barrios adyacentes, y los cambios operados tanto durante el proceso de movilización política como tras el ejercicio de violencias extremas bajo la última dictadura militar. Esta historia permite reconocer la asociación entre las subjetividades, los contextos políticos y el entramado del espacio social. Estas relaciones habilitan la comprensión del espacio social como producto y, a la vez, soporte de las memorias, representaciones e ideas de quienes lo constituyeron y/o habitan. También permite reconocer los vínculos entre estas diversas memorias que, sobre esos procesos, circulan en los barrios y en el Hospital y que exponen diferentes experiencias directas con la violencia de Estado. En ellas, los espacios barrial y hospitalario son recordados privilegiándose y omitiéndose distintos retazos del pasado y los mismos hechos son rememorados con sentidos diversos. Es posible pensar, entonces, que no es la experiencia directa con la violencia la variable que explica los contenidos y perfiles que asumen los recuerdos y olvidos.

Las evocaciones, en cambio, exponen la multiplicidad de representaciones sobre el barrio que cohabitan en el territorio barrial. Sin embargo, todas ellas llevan inscriptas, de diversos modos, las marcas de la violencia de lo que fue, hace más de treinta años, un territorio en disputa. Estas marcas intangibles son la expresión de fracturas profundas y más complejas de observar, aquellas que atraviesan el territorio de las relaciones sociales cuya trama lo constituyen los distintos actores, sus historias y sus luchas. [45]

Apéndice

Batallón de Inteligencia 601 (1976). Proceso en el Policlínico Posadas desde el año 1972 hasta la fecha. Archivo DIPBA, legajo 6092, Mesa "D(S)", Carpeta Varios, Comisión Provincial por la Memoria de la provincia de Buenos Aires.

Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nro 3 (2007). Auto de Procesamiento, Causa Hospital Posadas. Morón.

Notas

1) Testimonios del Dr. Camilo CAMPOS y del Dr. Hernando SALA, médicos del Hospital Posadas (en ÁLVAREZ 2003, p.58). <regresar>

2) Entrevista de Emilio CRENZEL a Elina AGUIAR, licenciada en psicología e integrante de los grupos terapéuticos del Hospital Posadas, Buenos Aires, 25 de noviembre de 2009. En este artículo se presentan los nombres y apellidos de los entrevistados cuando estos accedieron a su inclusión. En otros casos, por razones de confidencialidad fundadas en un pedido expreso de los entrevistados, sus nombres fueron modificados y sus apellidos anonimizados y reemplazados por un asterísco. <regresar>

3) Entrevista de Emilio CRENZEL a Elina AGUIAR, licenciada en Psicología e integrante de los grupos terapéuticos del Hospital Posadas, Buenos Aires, 25 de noviembre de 2009 y entrevista de Emilio CRENZEL a Zulema CHESTER, Buenos Aires, 8 de abril de 2010. <regresar>

4) Testimonio de Gladis CUERVO, en ÁLVAREZ, 2003, 68 y 69. <regresar>

5) Entrevista de Emilio CRENZEL a Susana ÁVALO, militante del barrio Carlos GARDEL, Buenos Aires, 18 de mayo de 2010. <regresar>

6) Entrevistas de Emilio CRENZEL a Pablo * y Marina *, barrio Carlos GARDEL, 7 de marzo de 2010. <regresar>

7) Entrevista de Emilio CRENZEL a Cristina PFLÜGER, Hospital Posadas, 7 de mayo de 2010. <regresar>

8) Entrevista de Emilio CRENZEL a Rosa *, barrio Carlos GARDEL, 7 de marzo de 2010. <regresar>

9) Entrevista de Emilio CRENZEL a Elina AGUIAR, integrante del equipo de psiquiatría del Hospital Posadas en 1976, Buenos Aires, 25 de noviembre de 2009. <regresar>

10) Declaración testimonial de Lidia HAJEWSKI, fs. 721/3, legajo 129, causa 2628/84. COMISIÓN NACIONAL SOBRE DESAPARICIÓN DE PERSONAS, s/Denuncia. <regresar>

11) Entrevista de Emilio CRENZEL a Susana ÁVALO, militante del barrio Carlos GARDEL, Buenos Aires, 18 de mayo de 2010. <regresar>

12) Entrevista de Mariela RAMETA a Adelaida LÓPEZ, barrio Carlos GARDEL, 7 de junio de 2006. <regresar>

13) Entrevista de Emilio CRENZEL a Daniel *, Morón, 30 de marzo de 2009. <regresar>

14) Entrevista de Emilio CRENZEL a Pablo *, barrio Carlos GARDEL, 7 de marzo de 2010. <regresar>

15) Entrevista de Emilio CRENZEL a Osvaldo, Guillermo y "el Turco", Ciudadela, 2 de junio de 2010. <regresar>

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Autor

Emilio CRENZEL es doctor en ciencias sociales e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y profesor de sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Es autor de los libros: "La historia política del Nunca Más: La memoria de las desapariciones en Argentina" (Siglo XXI, Buenos Aires, 2008, 2da edición 2014) obra traducida al Francés (L'Harmattan, París, 2016), al italiano (ed.it, Florencia, 2016) y al inglés (Routledge, Nueva York/Londres, 2011); "Memorias enfrentadas: el voto a Bussi en Tucumán" (Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 2001) y "El Tucumanazo" (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1991, reeditado por la Universidad Nacional de Tucumán en 1997 y 2014). Es autor de artículos sobre justicia transicional, derechos humanos y memoria de la violencia política y las dictaduras del Cono Sur de América latina, publicados en revistas académicas de América latina, Europa y Los Estados Unidos, temas sobre los cuales dicta cursos de posgrado y de grado.

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Emilio Crenzel

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Cita

Crenzel, Emilio (2017). Crímenes de Estado, espacialidad y memorias en la Argentina: el caso del Hospital Posadas, Buenos Aires [45 párrafos]. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research, 18(1), Art. 20,
http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs1701203.



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