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Volumen 7, No. 4, Art. 31 – Septiembre 2006

Emergencia de la investigación cualitativa en psicología en Colombia: Un comienzo que aún no termina

Jorge Larreamendy-Joerns, Juanita Henao & Alexandra Arango

Resumen: En este artículo presenta una lectura sobre el proceso de emergencia y evolución de la investigación cualitativa en psicología en Colombia teniendo dos argumentos de partida: en primer lugar, que este proceso sólo puede comprenderse a la luz de la historia misma de la psicología en Colombia y ésta, a su vez, en el contexto del surgimiento y la consolidación de las ciencias sociales y humanas. En segundo lugar, que la evolución de la investigación cualitativa en las ciencias sociales y en la psicología norteamericana coincide en algunos aspectos con la ruta que ha seguido en la psicología colombiana, pero que en ésta última presenta rasgos particulares. Así, con fines comparativos, en un primer momento el artículo realiza una síntesis de los intentos de periodización de la evolución de la investigación cualitativa en los Estados Unidos. En un segundo momento, a manera de contexto, presenta un panorama histórico de la psicología en Colombia. Finalmente, propone una periodización histórica para describir la emergencia y evolución de la investigación cualitativa en nuestra disciplina. A manera de conclusión, se compara el proceso de desarrollo de la investigación cualitativa en la psicología colombiana con su devenir en los Estados Unidos y se reflexiona sobre los retos futuros en Colombia.

Palabras clave: investigación cualitativa, psicología en Colombia, psicología educativa, investigación cuantitativa

1. Introducción

2. La investigación cualitativa en los Estados Unidos: Intentos de periodización

3. Contexto de un recorrido histórico: La psicología en Colombia

4. La investigación cualitativa en la psicología en Colombia

4.1 Primer período: Incubación de sensibilidades

4.2 Segundo período: Primeros pasos empíricos

4.3 Tercer período: El posicionamiento

5. A manera de conclusión

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1. Introducción

La historiografía de la ciencia en Colombia, un área relativamente poco explorada, se ha concentrado fundamentalmente en los orígenes y el desarrollo de disciplinas tales como la biología y la medicina. En lo que concierne a la biología, el interés se ha debido, en parte, a la significativa contribución de la Real Expedición Botánica, dirigida por el sabio José Celestino MUTIS a finales del siglo XVIII, en la formación de una burguesía ilustrada en Colombia, burguesía que a la postre cumpliría un papel decisivo en el proceso de independencia de España en la primera década del siglo XIX (RESTREPO 1986, 1991). Por su parte, la extensa documentación sobre el desarrollo de la medicina en Colombia es explicable por la función de las ciencias médicas en la "construcción de nación" que debió emprenderse en Colombia luego de las guerras civiles del siglo XIX y en la construcción progresiva de un sistema nacional de salud durante el siglo XIX (OBREGÓN 1991). De hecho, el establecimiento de instituciones hospitalarias, el creciente interés por estudios epidemiológicos y el renovado interés por las ciencias naturales a finales de siglo XIX, dieron origen a las primeras sociedades científicas en Colombia (por ejemplo, a la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, fundada en 1873, y que en 1891 se convertiría en la Academia Nacional de Medicina). [1]

En comparación, la historia de las ciencias sociales y humanas ha corrido con menos suerte, cuando menos en relación con la documentación de su desarrollo histórico (LANGEBAEK 2003; LEAL & REY 2000). Habitualmente, se reconoce a la Comisión Corográfica de mediados del siglo XIX como uno de los antecedentes fundamentales de las ciencias sociales en Colombia. La Comisión Corográfica, para algunos comparable en importancia a las expediciones geográficas de LEWIS y CLARK, tenía como objetivos el levantamiento de mapas cartográficos, el inventario de recursos agrícolas y, de especial interés para los propósitos del presente artículo, la realización de

"observaciones sobre la gente y sus costumbres en las distintas zonas visitadas, de manera que fuera posible determinar las diferencias de región a región, y de esta forma contribuir a la formación de una identidad nacional, donde se enfatizaban los elementos comunes entre distintas zonas, pero a su vez las diferencias regionales" (GUHL 2005, p.28). [2]

Las ciencias sociales, igualmente, recibieron un impulso decisivo con la creación de la Universidad Nacional de Colombia en 1867, aunque la universidad mantuvo un criterio profesionalista (que privilegiaba profesiones como la ingeniería, la medicina, la arquitectura y el derecho sobre disciplinas básicas) hasta bien entrada la década de 1960. En 1935 y 1941 se fundaron, respectivamente, la Escuela Nacional Superior y el Instituto Etnológico Nacional, instituciones que "inyectaron al pensamiento social colombiano una tendencia modernizante, gracias a la labor de un conjunto de profesores europeos quienes contribuyeron de manera decidida a formar los primeros investigadores sociales colombianos, en especial antropólogos y geógrafos" (SEGURA & CAMACHO 2000, p.183). En 1966, como resultado de una reforma estructural conocida como la Reforma Patiño, se creó en la Universidad Nacional la Facultad de Ciencias Humanas, que congregó a los departamentos de sociología (creado en 1958), antropología (creado en 1964), filosofía (creado en 1945), historia (creado en 1960) y psicología (creado en 1947). La creación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional y el establecimiento en los años sesenta de programas en ciencias sociales en varias universidades del país, significó la institucionalización y profesionalización definitivas de las ciencias sociales en Colombia. [3]

En lo que concierne a la psicología en Colombia, la ausencia de estudios históricos sobre la disciplina es casi completa. Existen obras (ARDILA 1973; PEÑA 1993; PÉREZ-ACOSTA & PERILLA 2006) que recopilan eventos, en su mayoría institucionales, que han sido significativos en el desarrollo de la disciplina. Existen, así mismo, recuentos anecdóticos (CASTRO 2000; DOMINGUEZ & DUQUE 2000; GÓMEZ 2004; GUTIERREZ 2000; THOMAS 2000; TORRADO 2000a), escritos por testigos de excepción, que dan cuenta de las dinámicas académicas y humanas de la emergente comunidad psicológica. Sin embargo, hay muy pocos análisis sobre el desarrollo de la conceptualización psicológica o, en su defecto, sobre los giros en las prácticas investigativas psicológicas en Colombia. [4]

En este artículo, presentamos una lectura sobre la emergencia y evolución reciente de la investigación cualitativa en psicología en Colombia. Al igual que en el mundo anglosajón y los demás países latinoamericanos, la investigación cualitativa en Colombia constituye hoy una alternativa legítima de indagación empírica y construcción teórica en las ciencias sociales. La investigación cualitativa en psicología es, así mismo, un campo en el que convergen distintas concepciones epistemológicas, tradiciones teóricas, posturas éticas, agendas políticas y estrategias metodológicas. [5]

Para anticipar nuestro argumento, creemos que el proceso de emergencia y la evolución de la investigación cualitativa en la psicología colombiana sólo puede comprenderse a la luz de la historia misma de la psicología en nuestro país y ésta, a su vez, en el contexto del surgimiento y de la consolidación de las ciencias sociales y humanas. Desde luego, el curso histórico de la investigación cualitativa en Colombia tiene puntos comunes con su contraparte en los Estados Unidos. Por ejemplo, ha estado asociado al cuestionamiento de presupuestos epistemológicos positivistas, a la adopción de posiciones políticas en relación con el quehacer científico, y al diálogo entre disciplinas (e.g., antropología, educación, lingüística, psicología, estudios literarios) con orígenes diferentes y tradicionalmente aisladas en el escenario académico. Igualmente, la investigación cualitativa ha pasado de ser una simple extensión de indagaciones naturalistas o casuísticas o, en su defecto, de ser una estrategia preliminar y tentativa de investigación, a convertirse en una variante investigativa con credenciales propias. [6]

Existen, sin embargo, puntos de divergencia. En particular, destacamos dos que, a nuestro juicio, son cruciales. Primero, a diferencia del caso norteamericano, en Colombia la investigación cualitativa no surge como una alternativa a prácticas consolidadas o predominantes de investigación cuantitativa. La razón es simple. En Colombia, la investigación empírica, propiamente dicha, en psicología surge tan sólo en los últimos 15 a 20 años. El surgimiento de la investigación empírica en psicología, a decir verdad, sí estuvo precedido por un periodo de intenso debate ideológico sobre el estatus de la psicología como disciplina científica. Sin embargo, las bondades heurísticas tanto de la investigación cualitativa como de la investigación cuantitativa tendrían que esperar años para ser efectivamente reconocidas por los académicos. [7]

Segundo, las tradiciones académicas que dieron origen a la investigación cualitativa en la psicología colombiana difieren de las tradiciones que contribuyeron a su emergencia en los Estados Unidos (DENZIN & LINCOLN 2000; JACOB 1987, 1989; PUTNEY, GREEN, DIXON & KELLY 1999). Estamos, pues, frente a sensibilidades conceptuales diferentes, que encuentran su explicación en el desarrollo de las ciencias sociales en Colombia (incluyendo la psicología) y en las tradiciones académicas a las que fueron expuestos los psicólogos colombianos. En particular, creemos que el psicoanálisis, la epistemología genética, la investigación-acción participativa y la semiótica del discurso tuvieron una influencia decisiva en el surgimiento de afinidades con la investigación cualitativa en la psicología colombiana. [8]

El presente trabajo está ordenado de la siguiente manera. En primer lugar, para efectos comparativos, presentamos un recuento de la evolución de la investigación cualitativa en los Estados Unidos. Aunque sabemos que se trata de un asunto polémico, adoptamos periodizaciones propuestas por investigadores reconocidos en el campo de la investigación cualitativa (DENZIN & LINCOLN 2000; PUTNEY, GREEN, DIXON & KELLY 1999). En un segundo momento, a manera de contexto, presentamos un panorama histórico de la psicología en Colombia. Finalmente, proponemos una periodización histórica para describir la emergencia y evolución de la investigación cualitativa en nuestra disciplina. A manera de conclusión comparamos el proceso de desarrollo de la investigación cualitativa en la psicología colombiana con su devenir en los Estados Unidos. [9]

2. La investigación cualitativa en los Estados Unidos: Intentos de periodización

No existe consenso sobre el origen y la evolución de la investigación cualitativa en los Estados Unidos. El desacuerdo se explica, en parte, por las múltiples tradiciones que han nutrido el campo de la indagación cualitativa y que permiten, a su vez, múltiples lecturas históricas (JACOB 1987, 1989; SCHWANDT 2003). Pero procede también de asuntos definicionales relacionados con lo que puede, en el seno de una comunidad disciplinaria, considerarse como investigación cualitativa propiamente dicha. [10]

DENZIN y LINCOLN (2000) plantean que en la investigación cualitativa existen dos grandes tendencias, a menudo contradictorias. La primera es aquella en la que la investigación cualitativa se define de manera amplia y es llevada a cabo desde una perspectiva interpretativa, constructivista, postmodernista y crítica. La segunda tendencia es consistente con concepciones positivistas, postpositivistas, naturalistas y humanistas, en las cuales la investigación cualitativa se define de manera más restrictiva, menos por referencia a la lógica de la interpretación y más en función de la textura de los datos. La periodización propuesta por DENZIN y LINCOLN captura la historia de la investigación cualitativa como un devenir que va de una posición relativamente ingenua, ligada a la etnografía clásica y al naturalismo decimonónico, hasta posiciones críticas en las que la representación y la validez se examinan a través de lentes políticas y feministas. Igualmente, DENZIN y LINCOLN muestran cómo la investigación cualitativa ha seguido trayectorias que van desde su uso inconspicuo en el seno de actividades disciplinarias, como es el caso de la narrativa etnográfica, hasta posicionamientos que otorgan a la mirada cualitativa un estatus distintivo desde el punto de vista epistemológico. [11]

DENZIN y LINCOLN (2000) proponen los primeros años del siglo XX como el periodo en el que emerge la investigación cualitativa en los Estados Unidos, con la etnografía antropológica clásica y el modelo del etnógrafo solitario atrapado en el mito de la objetividad y de la otredad y extrañeza de su objeto de estudio. Este período tradicional se ve influenciado por el legado de antropólogos como MALINOWSKI, RADCLIFFE-BROWN y MEAD, cuyos escritos reflejan las concepciones colonizantes y positivistas propias de las nacientes ciencias sociales, reconocidas como sistemas discursivos separados de la filosofía a finales del siglo XIX. Durante este período, que se extiende hasta mediados del siglo XX, se producen los desarrollos de la escuela de Chicago, con su énfasis en las historias de vida y el trabajo de campo (que incluía entrevistas en profundidad, análisis de documentos personales y observación participante). [12]

El desarrollo postpositivista que sufre la investigación cualitativa después de la Segunda Guerra Mundial, a través de la formalización de los métodos cualitativos, la realización de análisis cualitativos rigurosos, la aparición de la teoría fundamentada [Grounded Theory] de GLASSER y STRAUSS (1967) y de distintos textos dedicados a la investigación cualitativa (BOGDAN & TAYLOR 1975), marcan el período modernista o "Edad de Oro". Este periodo se prolonga hasta los años 1970 y culmina con la influencia del interpretativismo de GEERTZ (1973, 1987). A partir de las obras de GEERTZ, en las que se invita al replanteamiento de las formas de representación y legitimación, así como de los aportes de otras corrientes teóricas más pluralistas e interpretativistas (e.g., SHUZT, GARFINKEL, BARTHES, DERRIDA), los investigadores buscan en la semiótica y la hermenéutica nuevos métodos de análisis y se configura el período de los géneros desdibujados, debido a que los límites entre las ciencias sociales y las humanidades se tornan borrosos. Además, en estos años se rompe con posiciones tradicionales de la antropología, como el objetivismo, la complicidad con el colonialismo, y la concepción de la vida social como un entramado de rituales y costumbres fijas. [13]

El cuarto momento se desarrolla entre 1970 y 1986 y es considerado como un período de maduración de las búsquedas y los desarrollos alcanzados en el periodo inmediatamente anterior. Según DENZIN y LINCOLN, este es un periodo que algunos autores asocian con los giros críticos, feministas, linguísticos e interpetativos que se producen en las ciencias sociales. DENZIN y LINCOLN (2000) lo caracterizan como una crisis generada por debates en torno al problema de la representación, la legitimación y la práctica social. [14]

El quinto período (1990-1995) es el postmodernista, en el cual se experimentan nuevas formas de escritura etnográfica. Los investigadores se esfuerzan en desarrollar diferentes maneras de representar al "otro", y epistemologías de grupos que antes estaban silenciados irrumpen en el escenario, ofreciendo respuestas a los debates planteados en el período anterior. Así, en el horizonte aparece un tipo de investigación cualitativa más activa, participativa y orientada políticamente. Además, la búsqueda de grandes narrativas es reemplazada por teorías más locales o sustantivas que responden a problemas específicos y situaciones particulares. [15]

Finalmente, el sexto período (1995-2000), de carácter postexperimental, y el séptimo (2000-), que representa el futuro y configura el momento actual, se caracterizan por etnografías de ficción, la etnografía poética y los textos en multimedia en los que se exploran nuevas formas de puesta en escenas y comunicación de resultados. Aunque DENZIN y LINCOLN (2000) concluyen su recorrido planteando que en el momento actual los momentos históricos del pasado siguen operando en el presente, también señalan que la diversidad de paradigmas, estrategias de investigación y métodos de análisis nunca había sido tan rica como en la actualidad. También consideran que el momento presente se caracteriza por el descubrimiento, el redescubrimiento y los debates en torno a nuevos modos de mirar, interpretar, argumentar y escribir, así como por la irrupción de las categorías de género, raza, clase y etnia que moldean el proceso de investigación haciendo de éste un proceso multicultural con implicaciones éticas y políticas. [16]

Estas dinámicas y discusiones teóricas y metodológicas también se perciben en la versión que PUTNEY, GREEN, DIXON y NELLY (1999) ofrecen del desarrollo de la investigación cualitativa en educación a partir de la década de 1970. Según PUTNEY y colaboradores, la metodología en investigación cualitativa ha pasado por cuatro fases en las últimas tres décadas. La primera fase es "caracterizada por una lucha por el reconocimiento del valor de la investigación cualitativa" (PUTNEY, GREEN, DIXON & KELLY 1999, p.370). Durante esta fase, los investigadores educativos comenzaron a "adoptar y adaptar" metodologías de otras disciplinas, como la sociología y la antropología, sin tomar en consideración sus marcos teóricos o propósitos específicos. Tal fue el caso de la etnografía. Otra característica de esta fase fue el uso de dicotomías con el propósito de diferenciar los métodos cualitativos de los paradigmas positivistas dominantes. Las diferencias epistemológicas se concibieron en términos de pares oposicionales tales como cuantitativo versus cualitativo, positivista versus naturalista, y positivista versus interpretativo. El final de esta fase estuvo marcado por la posición según la cual la relación entre la teoría y el método no era tan importante como la metodología en sí misma y su potencial expresivo y heurístico. [17]

PUTNEY y colaboradores (1999) describen la segunda fase como un momento de diálogos críticos sobre la relación entre teoría y método. Las preguntas de quién cuenta como investigador y qué cuenta como investigación comenzaron a emerger, obligando a los investigadores a asumir las implicaciones teóricas de sus decisiones metodológicas. [18]

En la tercera fase, los investigadores discuten acerca de las críticas de lo que cuenta legítimamente como investigación cualitativa. Finalmente, un discurso crítico sobre la investigación cualitativa emerge y distinciones entre modalidades de investigación comienzan a trazarse en la comunidad investigativa. Según PUTNEY y colaboradores, artículos que definen la investigación cualitativa y que buscan conceptualizar las raíces comunes de las diferentes estrategias investigativas son característicos de este periodo (JACOB 1987), al igual que revisiones de la literatura que muestran la creciente complejidad y diversidad del campo. [19]

La cuarta y última fase propuesta por PUTNEY y colaboradores está relacionada con la búsqueda de un discurso crítico alternativo, que permita visibilizar el potencial expresivo de cada una de las perspectivas o estrategias investigativas y que reconozca, igualmente, cómo dicho potencial difiere entre disciplinas. [20]

Como puede verse, la periodización de PUTNEY y colaboradores, desde luego referida a la investigación educativa, muestra un desarrollo que va, al igual que la lectura de DENZIN y LINCOLN, de usos relativamente ingenuos de estrategias analíticas cualitativas a formas de indagación conscientes de las implicaciones epistemológicas de opciones metodológicas. PUTNEY y colaboradores dan cuenta también de la historia de la investigación cualitativa en términos de un diálogo creciente, en el que de oposiciones dicótomas se pasa a un reconocimiento más sofisticado de semejanzas y diferencias entre prácticas investigativas. [21]

Ahora bien, en los planteamientos de los autores revisados, no se destaca el desarrollo de la investigación cualitativa en la psicología norteamericana. De hecho, según ROGERS (2000), los psicólogos norteamericanos han tenido una relación ambivalente y de resistencia con los métodos cualitativos. Desde su punto de vista, muchos psicólogos aún cuestionan si la investigación cualitativa tiene un lugar en la disciplina, en vez de focalizarse en qué puede aprender la psicología de esta alternativa metodológica y cómo puede contribuir a desarrollarla. [22]

La resistencia existente hacia la investigación cualitativa en un grupo numeroso de psicólogos norteamericanos está enraizada en tradiciones históricas, así como en concepciones y obstáculos contemporáneos. Sin embargo, algunos practicantes de los métodos cualitativos de la psicología norteamericana vienen planteando cuestionamientos y desafíos a la disciplina, y han empezado a proponer modalidades de investigación en la que los seres humanos son vistos como entidades histórico-culturales, en contextos de acción dinámicos y complejos. Igualmente, han empezado a proponer nuevos estándares de investigación socialmente responsable, tanto para investigadores cualitativos como cuantitativos. [23]

ROGERS (2000) considera que los debates fueron iniciados especialmente por practicantes de la psicología social, clínica y del desarrollo, pero que han afectado muy poco las políticas existentes en lo que se refiere a estándares de publicación y financiación. No obstante el predominio del paradigma positivista en la psicología norteamericana a lo largo del siglo XX, ROGERS (2000) destaca la influencia decisiva que tuvieron en la disciplina investigadores que desarrollaron sus teorías a partir de estudios cualitativos. Por ejemplo, la autora señala los aportes de William JAMES, quien a su juicio capturó el espíritu de la investigación cualitativa al buscar una comprensión de "las variedades de la mente humana en acción" (JAMES 1901/1994, citado por ROGERS 2000, p.53). Así mismo, ROGERS menciona los estudios de caso clínico que fueron responsables por el desarrollo de la teoría psicoanalítica, las descripciones de estadios del desarrollo de ERIKSON, y el grueso de la conceptualización piagetiana. Si bien ROGERS reconoce las limitaciones de su revisión de los aportes que numerosos psicólogos han hecho a la psicología valiéndose de métodos cualitativos, también señala que la teoría psicológica ha ganado muchísimo a partir de los métodos cualitativos, a pesar de la resistencia y ambivalencia tradicionales. [24]

A nuestro modo de ver, la evolución de la investigación cualitativa en la psicología norteamericana y de la investigación cualitativa en las ciencias sociales y humanas en general coincide en algunos aspectos con la ruta que ha seguido en la psicología colombiana. Sin embargo, como señalamos anteriormente, creemos que el caso colombiano presenta rasgos particulares cuya comprensión implica examinar la trayectoria de la disciplina en las condiciones históricas específicas del país. [25]

3. Contexto de un recorrido histórico: La psicología en Colombia

Aunque ideas psicológicas pueden encontrarse en mayor o menor medida en muchos pensadores sociales y políticos colombianos del siglo XIX y comienzos del siglo XX (notablemente, el político e intelectual Luis LÓPEZ DE MESA), la psicología académica y profesional tiene en Colombia un comienzo mucho más puntual, casi episódico. De hecho, fue el resultado de los oficios de una sola persona: Mercedes RODRIGO. RODRIGO, una psicóloga graduada de la Universidad de Ginebra en 1923, bajo la tutoría de CLAPARÉDE, llegó a Colombia en 1939 por invitación de Agustín NIETO CABALLERO, entonces rector de la Universidad Nacional de Colombia, con el propósito de organizar el proceso de selección de estudiantes que aspiraban a ingresar a la universidad. En el curso de ocho años, Mercedes RODRIGO, en colaboración con José María GARCÍA y otros pioneros, fundaría primero la Sección de Psicotecnia de la Universidad y luego el Instituto de Psicología Aplicada, institución que fue la primera en su género en Latinoamérica. [26]

Las circunstancias de la creación del Instituto de Psicología Aplicada en la Universidad Nacional ejercieron un papel determinante en el desarrollo posterior de la psicología en Colombia. En primer lugar, el origen si se quiere psicométrico del Instituto impuso un sello fundamentalmente profesional a la psicología y un carácter profesionalizante a los programas de formación de psicólogos en el país. Aunque la obra misma de Mercedes RODRIGO da testimonio de su genuino interés por los debates de la psicología de la época (TORRADO 2000a), el Instituto fomentó una visión de la psicología no tanto como campo disciplinar, sino como ejercicio profesional y como escenario de aplicación de conceptos y habilidades en el contexto de problemas y propósitos específicos. Al respecto, cabe destacar que el título concedido a los graduados era en psicología aplicada, con énfasis en ámbitos del ejercicio profesional tales como la clínica, la psicotécnica (o psicometría) y la educación. Es verdad que el programa inicial de estudios, propuesto en 1949, cubría áreas como la psicología fisiológica, la psicología evolutiva, los "procesos complejos" y la psicología social. Sin embargo, una gran parte de las asignaturas, particularmente a partir del tercer año de estudios, versaban sobre áreas profesionales. Dicho énfasis profesionalizante fue acentuado en la primera reforma académica al programa, realizada dos años después (en 1951), en la que los ámbitos profesionales se definieron como "pedagogía, orientación profesional, industria, periodismo, ramo penal, psiquiatría y medicina psicosomática" (Acuerdo No. 22 de 1951, Universidad Nacional de Colombia). Fue posteriormente, como documenta GUTIERREZ (2000), que áreas disciplinares como la psicología experimental hicieron presencia en el currículum. [27]

La estructura y los propósitos profesionalizantes del programa de estudios de la Universidad Nacional fueron, en gran medida, replicados posteriormente con la apertura de nuevos programas de estudios en psicología, muchos de los cuales circunscribían la problemática de la psicología a asuntos relativos a los tratamientos psicoterapéuticos y a la consejería educativa. El efecto neto de este énfasis profesionalizante, que estaba, por demás, en concordancia plena con los propósitos y alcances de la formación universitaria de la época, fue la invisibilidad de la investigación y del tratamiento de problemas disciplinares. [28]

Al respecto, es ilustrativo examinar la producción intelectual de académicos y profesionales de la psicología en Colombia, divulgada en la Revista de Psicología, una públicación peródica fundada en 1956 y que por 10 años fue la única en su género en América Latina (DOMINGUEZ & DUQUE 2000). Entre 1956 y 1970 abundan lo que podría denominarse artículos de opinión y revisión teórica, muchos de ellos relativos al ejercicio profesional del psicólogo. Esta tendencia es especialmente saliente en el periodo comprendido entre 1956 y 1959, después del cual hay un incremento considerable en artículos relacionados con psicometría (particularmente, validación de pruebas psicológicas) y psicoanálisis (especialmente de corte Jungiano). [29]

En segundo lugar, el Instituto de Psicología Aplicada ejerció un papel determinante en el desarrollo de la psicología en Colombia en virtud de la promoción de una concepción instrumentalista de la disciplina. Con instrumentalista nos referimos, por una parte, a que la psicología se concibió, en este periodo inicial, como una actividad y un área de indagación al servicio de otras disciplinas y profesiones, notablemente la medicina y la educación. En rigor, la psicología en Colombia tendría que esperar hasta la década de 1970 para interrogarse a sí misma, ya no sobre sus posibilidades como profesión, sino sobre su estatuto como disciplina (DOMINGUEZ & DUQUE 2000). [30]

Por otra parte, con el apelativo de instrumentalista nos referimos igualmente al claro predominio de las pruebas psicológicas, legado de Mercedes RODRIGO, como aproximación a la realidad. Una mayoría de los muy escasos trabajos empíricos publicados en la Revista de Psicología entre 1956 y 1970 emplea pruebas objetivas y análisis estadísticos (relativamente simples) como estrategias de indagación. Dado el carácter incipiente, por no decir excepcional, de la investigación empírica en este período, es claro que no existió un predominio de formas cuantitativas de investigación, aunque sí fue prevaleciente (con excepción de las indagaciones psicoanalíticas) una concepción, si se quiere, no discursiva de la evidencia psicológica. [31]

En términos prácticos, y con excepción de los aportes iniciales de la Universidad Javeriana, la historia de la psicología en Colombia fue hasta la década de 1970, la historia del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional. A partir de 1970 y hasta mediados de la década de los ochenta, ocurrieron, a nuestro juicio, tres hechos significativos. El primero de ellos fue el establecimiento de nuevos programas de psicología en universidades públicas y privadas. Para 1978 había ya 10 programas nuevos. Dado el escaso diálogo entre instituciones universitarias y la ausencia de asociaciones gremiales, el establecimiento de nuevos programas, en contexto de relativo aislamiento, dio origen a una mayor diversidad paradigmática. Así, por ejemplo, un énfasis social y comunitario creció en la Universidad del Norte y la Universidad Javeriana (esta última de carácter confesional); la Universidad del Valle (bajo la influencia temprana de Rebeca PUCHE, discípula de PIAGET) desarrolló lo que con los años llegaría a ser una auténtica identidad institucional alrededor de problemas del desarrollo cognitivo; la Universidad Nacional, por su parte, consolidó un énfasis experimental, que venía anunciándose desde comienzos de la década de los sesenta, al tiempo que impulsó el pensamiento psicoanalítico. [32]

El segundo hecho fue la vinculación a universidades públicas y privadas de la primera generación de jóvenes colombianos con formación doctoral en psicología en los Estados Unidos y Europa. En la década de 1970 y mediados de los ochenta, regresaron a Colombia académicos egresados de universidades extranjeras, como es el caso de Rubén ARDILA, Leonidas CASTRO, Augusto PÉREZ, Rebeca PUCHE, María Cristina VILLEGAS, Rubén LECHTER y Telmo PEÑA, entre otros. El efecto de esta generación fue notable. Por una parte, esta generación cumplió un papel decisivo en la creación de nuevos programas académicos y en la diseminación de nuevas ideas psicológicas. Ejemplos ilustrativos son la contribución de Rubén ARDILA, egresado de la Universidad de Nebraska, a la difusión de las ideas conductistas de SKINNER; el papel de Rebeca PUCHE en la diseminación de la obra de PIAGET en la comunidad colombiana; y la contribución de Telmo PEÑA a la difusión de las ideas neoconductistas de KANTOR. La década de los setenta fue una década, si se quiere, de apertura a nuevas ideas y escuela psicológicas, en un rango que cubría el psicoanálisis, el análisis experimental de la conducta, la epistemología genética y el humanismo. [33]

El tercer hecho fue la proliferación de debates ideológicos entre adherentes a escuelas psicológicas (e.g., psicoanálisis, constructivismo, humanismo, conductismo, psicología comunitaria). Los debates giraron en torno a la ubicación de la psicología como ciencia natural o social, a su papel en el cambio social, y a su relación con otras disciplinas. Dichos debates le imprimieron a la escena psicológica una coloratura emocional a la que se han referido diversos testigos de excepción (THOMAS 2000; GÓMEZ 2004; PEÑA 1993). Sin embargo, al margen de las descalificaciones mutuas y los discursos excluyentes, cuyo efecto fue a menudo alentar concepciones de la psicología desprovistas de su riqueza y diversidad, los debates significaron una toma de conciencia de las implicaciones epistemológicas y políticas de la received view de la psicología que fue legada de Mercedes RODRIGO y los gestores iniciales del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional. [34]

Los debates ideológicos de los años setenta y ochenta hay que entenderlos en el contexto del proceso de las ciencias sociales en Colombia. Por una parte, estuvieron estimulados por el entusiasmo de los jóvenes doctores que se vincularon a las diversas universidades, quienes habían sido educados en tradiciones sensiblemente diferentes (e.g., conductismo, humanismo, psicología del desarrollo) y que procuraron impulsar sus concepciones de la psicología muchas veces a expensas de concepciones alternativas o simplemente diferentes. [35]

Los debates también se dieron en el ambiente de una universidad colombiana (particularmente, en el caso de las instituciones estatales) cada vez más desafecta del régimen político colombiano y más crítica de papel político de la psicología. En la década del setenta, al igual que en otros países latinoamericanos, se vivió un proceso de radicalización estudiantil que, en palabras de SEGURA y CAMACHO (2000), "se caracterizó por un rechazo a la orientación original de las diversas instituciones de enseñanza universitaria" (p.187) y por una crítica severa a modelos positivistas y pragmatistas. En la psicología, este ambiente facilitó el desarrollo de perspectivas, como el psicoanálisis y el humanismo, contrarias a posturas psicométricas y experimentalistas. También alentó, como es claro en el caso de la labor de Estanislao ZULETA en la Universidad de Antioquia y la Universidad del Valle, diálogos entre la psicología, el marxismo, el psicoanálisis lacaniano, la semiótica francesa y la crítica literaria. La incursión en el panorama colombiano de desarrollos del pensamiento continental (e.g., LACAN, ALTHUSSER, BENVENISTE, BARTHES) dio origen a sensibilidades, respecto al lenguaje, el análisis del discurso y las perspectivas críticas, que luego adquirirían importancia en la aceptación y uso de estrategias de investigación cualitativa. [36]

En el clima intelectual de los años setenta y mediados de los ochenta también emergió el interés por los temas sociales, el estudio de la marginalidad y el papel político de la psicología. Ello tuvo expresión especialmente en el creciente interés por la psicología comunitaria y la influencia de los modelos de investigación-acción participativa en las aproximaciones psicológicas a la comunidad. [37]

Hemos calificado a los debates de este periodo como "ideológicos", no sólo porque versaron sobre aspectos fundamentales de la disciplina, sino también porque se dieron en el contexto de una mínima, por no decir completa, ausencia de investigación empírica que pudiera ser examinada para efectos de valorar los aportes analíticos y explicativos de las diversas posturas teóricas. Contrariamente a lo que podría haberse esperado, el efecto de la generación de jóvenes con formación doctoral a la que nos hemos referido no fue, salvo importantes excepciones, el impulso de la investigación empírica o la creación de programas postgraduales que jalonaran desarrollos disciplinares. Así, el debate permaneció en el campo de las ideas y los principios, sin la mediación vigorosa de la evidencia pública. [38]

La ausencia de investigación empírica en el periodo que va desde la fundación del Instituto de Psicología Aplicada en 1949 hasta mediados los años ochenta está estrechamente relacionada con la ausencia de un sistema nacional de investigación que favoreciera y apoyara financieramente proyectos empíricos. De hecho, la actividad investigativa profesional, distinta de la orientación a los estudiantes en sus trabajos de grado, no formaba parte, nuevamente con la excepción de casos notables, del ethos del académico colombiano. Así, pues, aunque en la década de los setenta y la mitad de los años ochenta se crearon sensibilidades intelectuales que favorecerían luego la investigación cualitativa, la ausencia de investigación empírica fue una constante tanto en el caso de indagaciones cuantitativas como en el caso de investigaciones cualitativas. [39]

La investigación en psicología en Colombia comienza a tener una presencia más visible a partir de finales y mediados de los años ochenta, cuando se crean centros de investigación, como el Centro Latinoamericano en Estudios de Psicología y Sociedad (CLEPS) con sede en Cali, que convocó a varios académicos de la Universidad del Valle con intereses en el área del desarrollo cognitivo desde una perspectiva Piagetiana. Igualmente, se desarrollan trabajos empíricos de envergadura en la Universidad del Norte, desde una perspectiva que en la actualidad cabría categorizar como métodos mixtos de investigación. [40]

En la década de los noventa ocurren dos procesos que sitúan a la psicología en su condición actual. El primero de ellos es la multiplicación de programas de psicología, que de 14 en 1984 pasarían a ser más de 100 en el 2002. Cambios en las regulaciones sobre autonomía universitaria y en la ley general de educación, dieron lugar a la creación exponencial de programas de psicología y, por tanto, a una ampliación considerable de la comunidad psicológica. Como cabría esperar, ello dio espacio a una mayor diversidad paradigmática. [41]

El segundo proceso se relaciona con el desarrollo de un sistema nacional de ciencia y tecnología impulsado por el Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (COLCIENCIAS). Dicho sistema ha permitido visibilizar la investigación como aspecto esencial de la labor académica, ha impulsado la creación de redes y grupos de investigación y ha establecido políticas y procedimientos para la financiación de investigación y la medición de productividad científica. El efecto de las labores de Colciencias ha sido, para el caso de la psicología, la emergencia de una comunidad disciplinar, ya no confinada en los límites institucionales o centrada en las actividades docentes, sino preocupada por la producción de conocimiento. En este contexto, las discusiones sobre la naturaleza y los propósitos de la investigación han terminado finalmente por anclarse en el ejercicio efectivo de la indagación empírica. [42]

En suma, la psicología en Colombia ha seguido una trayectoria, si no única, cuando menos peculiar. Fue instituida en el contexto de una coyuntura particular que terminó privilegiando formas específicas de concebir la naturaleza del hecho psicológico y de la evidencia disciplinar. La coyuntura de su institucionalización también le imprimió un carácter fundamentalmente profesionalizante. La ausencia de investigación en el sentido estricto fue la constante durante casi los primeros 30 años del desarrollo de la psicología en el país. La comunidad psicológica estuvo embarcada, durante los años setenta y buena parte de los ochenta, en debates ideológicos en su mayoría desarraigados de indagaciones empíricas. A pesar de sus efectos polarizantes y divisivos, dichos debates dieron origen, por una parte, a un distanciamiento crítico respecto a una concepción instrumentalista, no problematizada de la psicología y, por otra, a la creación de sensibilidades conceptuales y metodológicas que, a la postre, contribuirían al surgimiento de modalidades de investigación empírica. El panorama de la psicología en Colombia cambia de manera significativa a partir de mediados de los ochenta y comienzos de los noventa, con el desarrollo de un sistema nacional de ciencia y tecnología, la creación de centros y grupos de investigación, y la adopción de la práctica investigativa como dimensión esencial de la actividad académica. [43]

4. La investigación cualitativa en la psicología en Colombia

En esta sección describimos la emergencia y evolución de la investigación cualitativa a partir de tres grandes etapas históricas. La primera de ellas comienza en la década de 1970, durante la cual se registra un primer crecimiento de los programas de psicología en las universidades del país y se desarrollan sensibilidades hacia el uso de los métodos cualitativos. Este primer período, comprendido entre 1970 y 1985, lo concebimos como un momento de incubación de sensibilidades, en el que la presencia del psicoanálisis, la epistemología genética y del estructuralismo continental en la psicología, así como la influencia del movimiento latinoamericano de investigación-acción, despierta en algunos psicólogos el interés por metodologías cualitativas que plantean críticas a y se distancian del positivismo. Éstas no llegan a implementarse en sentido estricto, pues como hemos argumentado, durante las primeras tres décadas que transcurrieron desde el surgimiento de la psicología en 1947, la investigación fue una práctica excepcional y aislada entre psicólogos, y en el contexto universitario, un quehacer vicario fundamentalmente asociado a la dirección de los trabajos de grado de los estudiantes. [44]

A partir de 1985 y hasta el año 2000, el empleo de métodos cualitativos comienza a emerger y a difundirse entre los psicólogos vinculados a universidades públicas y privadas, a los escasos centros de investigación y a organizaciones no gubernamentales (VARGAS, TORO & RODRÍGUEZ 1992). Esta emergencia ocurre en una atmósfera intelectual de confrontaciones teóricas y desplazamientos epistemológicos que llevan a la investigación cualitativa a adoptar una identidad distintiva entre otras aproximaciones a la indagación empírica. [45]

Desde el comienzo del nuevo siglo y hasta nuestros días, el uso de la aproximación cualitativa en la psicología es una práctica reconocida y posicionada en una comunidad disciplinar en la que florecen los grupos de investigación, aumenta notoriamente la investigación empírica y existe mayor consciencia de que la empresa científica es esencialmente una práctica social y comunicativa, cuya productividad es mayor en un ambiente polifónico y pluralista. Sin embargo, a pesar del avance que ha presentado la investigación cualitativa en los últimos años en la psicología colombiana, no podemos decir que constituya ya una tradición investigativa. [46]

Así, con lo dicho hasta ahora podemos delimitar tres grandes períodos en el desarrollo de la investigación cualitativa en la psicología en Colombia, los cuales describimos en más en detalle a continuación: un primer momento de incubación de sensibilidades, comprendido entre 1970 y 1985; un segundo momento de primeros pasos empíricos, que transcurre entre 1986 y 2000; y un tercer momento de posicionamiento, que se ha desarrollado durante los primeros años del siglo XXI y se extiende hasta nuestros días. [47]

4.1 Primer período: Incubación de sensibilidades

Durante la década de los años setenta, en la psicología en Colombia hubo un predominio de concepciones empiristas y positivistas, asociadas a la psicología conductista y la psicometría, que, según PUCHE (1991), coexistían con otras dos tradiciones: la fenomenológica, de la que forman parte la Gestalt y la psicología humanista, y la dialéctica, en la que PUCHE sitúa el psicoanálisis y la psicología genética de PIAGET. Además de que en la formación que recibían los estudiantes de psicología el enfoque empirista y la psicología conductual predominaban, el entrenamiento en métodos de investigación se focalizaba en estrategias cuantitativas, dentro de las cuales se hacía especial énfasis en el diseño experimental. De hecho, los principales textos básicos que se utilizaban en los tradicionales cursos de metodología de la investigación eran el de "Psicología experimental" de MCGUIGAN (1971) y el de "Diseños experimentales y cuasiexperimentales en la investigación social" de CAMPBELL y STANLEY (1973). [48]

En este contexto, la sensibilidad y el interés por los métodos cualitativos que se despertó en algunos investigadores, se dio por la vigorosa presencia incial en la psicología colombiana del psicoanálisis (que derivó de modalidades medicalizadas propias de la tradición anglosanoja a vertientes fundamentalmente francesas), y más adelante de la epistemología genética piagetiana, del estructuralismo continental y del movimiento latinoamericano de investigación-acción en el que confluye la Teoría Crítica. [49]

El psicoanálisis, proveniente de la psiquiatría y la medicina, los desarrollos de Melanie KLEIN y la lectura lacaniana de FREUD, tuvieron una fuerte presencia en la psicología clínica que se practicaba y enseñaba en algunos centros académicos del país (especialmente en la Universidad Javeriana y la Universidad de Antioquia, y en menor grado en la Universidad Nacional y la Universidad del Valle). Los adherentes del psicoanálisis entraron en confrontación con los impulsores del análisis experimental de la conducta, quienes consideraban al psicoanálisis como una práctica especulativa y carente de cientificidad. Tal como lo recuerda VASCO (1990), en estos años en algunos centros académicos como la Universidad Nacional

"era imposible la convivencia debido a la descalificación mutua entre las diversas escuelas psicológicas; se llegó a decir, por ejemplo, que sólo se aceptaban tesis y artículos escritos con un marco conductista, y que todo lo demás no era ciencia" (p.23). [50]

No obstante, los promotores del psicoanálisis de las distintas universidades se familiarizaron con el método clínico, los estudios de caso y la entrevista abierta y en profundidad, e intentaron abordar el problema de la interpretación del material analítico, habitualmente expresado a través de la palabra y el discurso. Teniendo en cuenta que a lo que se accede en el análisis no es a la vida psíquica directamente, sino al lenguaje con el que se expresa, y dado que el deseo y las vicisitudes de las pulsiones durante el análisis se conjugan con las vicisitudes de la semántica y del sentido (RICOEUR 1983), es comprensible que los practicantes del psicoanálisis se hayan embarcado en discusiones en torno al lenguaje y la interpretación. Tal como lo señala RICOEUR (1983), el psicoanálisis se inscribe en el gran debate sobre el lenguaje inaugurado por la filosofía en la primera mitad del siglo XX. En Colombia, el psicoanálisis contribuyó de manera significativa a los desplazamientos epistemológicos que más adelante se darían en la psicología, y su hermenéutica, entendida como reconstrucción del sentido, se ubicó en el extremo opuesto de la operacionalización y la medición de las variables de los métodos cuantitativos. [51]

Algo similar puede decirse del estructuralismo continental representado por FOUCAULT, BARTHES, BENVENISTE, LEVI-STRAUSS y la semiótica francesa inspirada en la teoría lingüística de SAUSSURE. Sin duda, el mayor legado de esta tradición teórica fue la emergencia de una apreciación por el lenguaje y el discurso como los escenarios de la significación y de una actitud cautelosa respecto a las aproximaciones positivistas a los fenómenos sociales y psicológicos. Esta perspectiva fue notoria en la Universidad del Valle, en donde Estanislao ZULETA inició la difusión del psicoanálisis francés (particularmente, de la obra inicial de LACAN) en sus conexiones con el marxismo, la literatura y el análisis del discurso (ZULETA 1977, 1978, 1980). A finales de los años setenta, ZULETA fundó, en compañía de varios psicoanalistas desafectos de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, el Centro Psicoanalítico Sigmund Freud en Cali. La enseñanza de ZULETA dio origen a una intensa actividad intelectual, especialmente de lectura y crítica de textos clásicos del pensamiento occidental y, posteriormente, a trabajos empíricos en los que se analizaban discursos desde la doble óptica del psicoanálisis y la filosofía continental. Ejemplos de dichos trabajos son las tesis de grado de BENAVIDES (1985) y LARREAMENDY-JOERNS (1987), respectivamente, sobre las características del discurso psicótico y la duda, la certeza y la argumentación en la neurosis obsesiva y la psicosis paranoica. [52]

Por su parte, la epistemología genética de PIAGET, su explicación estructuralista del desarrollo de la inteligencia y su propuesta constructivista del conocimiento, tuvieron también un influjo significativo en la psicología del desarrollo y la psicología educativa. El contacto con el método clínico utilizado por esta tradición teórica, en el que se utilizan estudios de caso, técnicas de observación y entrevistas clínicas durante las que se rastrea el curso del pensamiento del niño en el contexto de condiciones naturalistas o experimentos de campo diseñados por el investigador, contribuyó también a producir en los psicólogos sensibilidades hacia los métodos cualitativos de investigación. La escuela piagetiana tuvo una fuerte presencia en la Universidad del Valle, en donde Rebeca PUCHE y Mariela OROZCO han liderado desde entonces líneas de trabajo en psicología del desarrollo, con eventuales aplicaciones a la educación. [53]

Durante estos años, los psicólogos también recibieron el influjo del movimiento latinoamericano de investigación-acción, que se empezó a desarrollar durante los años setenta. Si bien hay quienes consideran que esta modalidad de investigación surgió en el mundo desarrollado y que Kurt LEWIN fue su creador en Norteamérica, en América Latina fue promovida con gran fuerza por científicos sociales y educadores, entre los que se destacan Paulo FREIRE (1982) en el Brasil y Orlando FALS-BORDA (1979) en nuestro país. [54]

Hacia comienzos de los años setenta se inició un movimiento latinoamericano que criticó el paradigma positivista y los enfoques neoliberales y funcionalistas que ofrecían las ciencias sociales de los países desarrollados. La crítica a la neutralidad axiológica y la abstención valorativa del investigador como criterios de objetividad propuestos por el positivismo es quizás uno de los elementos más significativos del movimiento. A dichos supuestos, el movimiento latinoamericano opuso el reconocimiento y la afirmación de pertenencia del investigador a un contexto sociopolítico y cultural dado, y desde una perspectiva ética, propuso la noción de compromiso de la práctica científica con los procesos de cambio latinoamericano (HENAO 1996). [55]

De estas consideraciones, se derivó la necesidad de criticar la desarticulación existente entre la teoría y la práctica social, de tal forma que el conocimiento guíara la acción transformadora y, a su vez, que la acción permitiera producir conocimiento y pronunciarse sobre la validez de la teoría para la práctica y la transformación de la realidad. Esto condujo a la búsqueda de nuevas metodologías y dio lugar al surgimiento de un buen número de experiencias que se presentan bajo distintas denominaciones, entre las que se cuentan, por ejemplo, la investigación-acción, la investigación militante, la investigación activa y la investigación participativa. [56]

El movimiento de investigación-acción tuvo efectos particularmente en la psicología social y comunitaria, y contribuyó a forjar la identidad oposicional que desarrollaría la investigación cualitativa en el siguiente período. Dicha identidad emergió también bajo la influencia de la Teoría Crítica, especialmente de la Escuela de Frankfurt y los planteamientos del primer HABERMAS en Conocimiento e Interés (1982). De particular relevancia en los planteamientos de HABERMAS, se encuentran la crítica a la "libertad de valores" propuesta por el positivismo y el reconocimiento de los diversos intereses científicos y extracientíficos que mueven la actividad investigativa. La propuesta de clasificación de las ciencias desarrollada por la Escuela de Frankfurt, a partir de los intereses teóricos que mueven la actividad investigativa, fue difundida especialmente por el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), a través de publicaciones y conferencias de filósofos e investigadores como Guillermo HOYOS (1986) y Carlos VASCO (1990), y por el Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (CINDE), a través de seminarios y programas de maestría con énfasis en investigación social y educativa. [57]

Según esta clasificación, existen tres estilos de trabajo en las ciencias sociales. Primero, un estilo empírico-analítico, orientado por un interés de conocimiento técnico que persigue la predicción, la explicación causal y el control de los fenómenos, y que utiliza predominantemente métodos cuantitativos y análisis estadísticos. Segundo, un estilo histórico-hermenéutico, guiado por un interés práctico de orientación de la acción humana, mediante la ampliación intersubjetiva de su comprensión a partir de la clarificación de motivos y significados, el cual hace uso de métodos cualitativos como la etnografía y el método biográfico o narrativo, utilizando análisis de tipo hermenéutico. Finalmente, un estilo crítico social, orientado por un interés emancipatorio y de liberación, que mediante la crítica de formas de comunicación y de interacción social que generan ataduras y situaciones de alienación y dominación, persigue la transformación social, utilizando especialmente la investigación-acción y la investigación participativa. Estos estilos corresponden en buena medida a los principales paradigmas que LINCOLN y GUBA (2000) describen y cuyas controversias siguen estando presentes en las ciencias sociales e influyendo en sus estrategias metodológicas1). [58]

Para auscultar el clima intelectual de la psicología en esta fase de incubación de sensibilidades, resulta útil revisar algunas de las principales revistas nacionales de psicología existentes en el país en la época. A manera de ejemplo, presentamos el caso de la Revista Latinoamericana de Psicología, dirigida por Rubén ARDILA, el principal proponente del conductismo en Colombia, y Cuadernos de Psicología, dirigida por Rebeca PUCHE, una notable exponente de la epistemología genética piagetiana. En la Revista Latinoamericana de Psicología se publicaron, entre 1972 y 1985, un total de 73 artículos de psicólogos colombianos vinculados a las distintas universidades del país y a algunos centros de investigación, con un promedio de cinco artículos por año. De los 73 artículos, el 60% fueron reportes de investigaciones que utilizaron en su totalidad métodos cuantitativos, y el 40% restante fueron artículos de ensayo o difusión. Dentro de los métodos cuantitativos utilizados por los investigadores se destacan los diseños experimentales de caso único, propios del análisis experimental y aplicado de la conducta, así como los diseños cuasiexperimentales de grupos, los estudios correlacionales, los diseños factoriales y los estudios psicométricos. [59]

Los Cuadernos de Psicología de la Universidad del Valle empiezan a publicarse en 1978, aunque durante los tres primeros años existieron dificultades para editar dos números anuales. Es significativo que tras una interrupción de un año, en 1980, se publicara un número doble con cuatro artículos elaborados por estudiantes recién graduados sobre sus trabajos de grado. El volumen representa el resultado de una convocatoria efectuada a todas las universidades del país, en la que se invitó a publicar los mejores trabajos de grado de los estudiantes. A ella respondieron la Universidad de los Andes, la Universidad Nacional, la Universidad Javeriana y la Universidad del Valle. Tres de los artículos publicados corresponden a investigaciones cuantitativas y un cuarto a un estudio monográfico, de corte conceptual, que desarrolla una crítica al positivismo en psicología. [60]

En general, puede decirse que la mayoría de los artículos publicados entre 1978 y 1985 por psicólogos colombianos en Cuadernos de Psicología son ensayos y unos pocos reportan estudios de carácter cuantitativo. Además, reflejan claramente la presencia de la epistemología genética y del psicoanálisis. También es del caso mencionar el especial énfasis que la Universidad del Valle le otorgó en estos años a la psicología comunitaria, especialmente preocupada por la acción social, y a la cual destina una sección especial en la revista en la que se trasluce la influencia del movimiento latinoamericano de investigación-acción. [61]

En conjunto, las publicaciones identificadas son indicadores de dos aspectos significativos de esta primera etapa. En primer lugar, del tipo de prácticas investigativas que existían, que además de ser escasas, utilizaban predominantemente métodos cuantitativos. En segundo lugar, de las tradiciones teóricas presentes en el discurso psicológico, así como de las confrontaciones y los debates entre ellas. Estas se desarrollaban alrededor de los fines y la naturaleza del objeto de la psicología, considerando sus implicaciones sobre la relación sujeto-objeto y los métodos de investigación. De hecho, en estos años todavía se discutía si la psicología es una ciencia natural – como lo planteaba el conductismo en cabeza de Rubén ARDILA – o una ciencia social, como lo sostenían otras corrientes, de lo cual da cuenta un simposio realizado en 1980 en la Universidad Javeriana sobre el tema (ALDANA & GONZÁLEZ 1980). [62]

4.2 Segundo período: Primeros pasos empíricos

Los 15 últimos años del siglo XX constituyen el período en el cual emerge la investigación cualitativa en la práctica investigativa de los psicólogos. Este periodo, de hecho, coincide con el surgimiento de la investigación profesional en la psicología en Colombia. Los primeros intentos de investigación cualitativa fueron extensiones empíricas de algunas de las tradiciones existentes en el periodo anterior (particularmente, psicoanálisis, epistemología genética e investigación-acción). Con el tiempo, sin embargo, los estudios fueron adoptando un lenguaje menos ligado a las posiciones tradicionales y más típico de la investigación cualitativa en el concierto internacional. Así, en estos años la investigación cualitativa desarrolló una identidad oposicional, en el sentido de que fue definida a partir de sus divergencias y antagonismos con los métodos cuantitativos. Incluso, algunos investigadores asumieron posturas cercanas a un cierto fundamentalismo epistemológico, según el cual a determinadas concepciones epistemológicas corresponden única y exclusivamente determinados métodos de indagación, de forma tal que resulta incoherente utilizar métodos cualitativos cuando se asume una concepción positivista de la ciencia, o viceversa. [63]

Un ejemplo del surgimiento de estudios empíricos a partir de posiciones tradicionales son los estudios que se derivaron del psicoanálisis, adoptando elementos de su conceptualización, pero distanciándose de posturas puristas y ortodoxas (TENORIO 1988). Un caso interesante, al respecto, son los estudios iniciales de TENORIO sobre saber genealógico y escritura en niños. La hipótesis de TENORIO es que algunas dificultades de los niños en edad escolar con la adquisición de habilidades de escritura están relacionadas con la manera como los niños mismos son inscritos en la estructura simbólica de sus familias. TENORIO se nutrió, especialmente, de conceptualizaciones lacanianas sobre el lenguaje, la familia y el orden simbólico. En términos metodológicos, empleó interrogatorios clínicos piagetianos, seguimiento de casos en el contexto escolar y entrevistas a profundidad con familias. En los últimos años, las investigaciones de TENORIO han evolucionado hacia formas próximas a la psicología cultural, una perspectiva en la cual ella es pionera en Colombia (TENORIO 1993, 2000a, 2000b). [64]

El estudio de VILLALOBOS (1994), a partir de su práctica clínica y de la conceptualización psicoanalítica, es también un ejemplo de este tipo de investigación en la que una sucesión de casos clínicos permite la teorización en torno a un fenómeno, en este caso los efectos perturbadores de la familia y de la historia vincular en el desarrollo psíquico de jóvenes delincuentes. Lo mismo puede decirse del estudio de GALLO (1999a), de la Universidad de Antioquia, sobre el maltrato infantil, en el que desde un enfoque psicoanalítico, basado en su práctica clínica y en su experiencia en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, desarrolla una reflexión sistemática sobre este fenómeno que la sitúa como una enfermedad del vínculo social. Es el mismo GALLO (1999b) quien distingue la investigación "en" psicoanálisis, que corresponde al modelo anterior, de la investigación "con" psicoanálisis que se empieza a desarrollar en este período y que busca hacer del psicoanálisis un sistema teórico útil en la investigación y la acción social que pueden realizarse fuera del dispositivo analítico propiamente dicho. La investigación con psicoanálisis no exige seleccionar un caso de la clínica, sino un tema social. Según GALLO (1999b), esto significa que

"no hay que ser analista practicante para acceder a investigar contando con los conceptos psicoanalíticos, pero sí hay que tener rigor, dado que se debe estar atento a introducir cada tesis, pasando por el colador de una verificación precisa de aquello que se sostiene teóricamente" (p.26). [65]

La Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, que ha tenido un peso relativamente notorio en el país, considera este tipo de investigación como psicoanálisis aplicado, pero no como "psicoanálisis propiamente dicho". Es, sin embargo, significativo que la Sociedad señale que el psicoanálisis utiliza métodos cualitativos, utilizando el término expresamente (LAVERDE 2004). [66]

Es desde esta perspectiva que María Clemencia CASTRO (CASTRO1995; CASTRO & DIAZ 1997) y su grupo de investigación en la Universidad Nacional empiezan a adelantar en estos años una serie de estudios de enfoque psicoanalítico alrededor del tema de la violencia, teorizando especialmente sobre el proceso de reinserción de guerrilleros a partir del concepto de lazo social. Metodológicamente, si bien se trabaja con elementos sintomáticos, discursivos e inconscientes tomados del trabajo clínico con guerrilleros reinsertados, también se utilizan textos y testimonios de sujetos que están viviendo el proceso, y se invita a investigadores de otras disciplinas a participar en la elaboración teórica del fenómeno de la reinserción. [67]

En lo que se refiere al legado de la tradición estructuralista del período anterior interesada en el estudio del lenguaje y, en consecuencia, en el análisis de textos y del discurso, en esta segunda etapa Florence THOMAS (1985, 1995) realiza análisis del discurso sobre los conceptos de masculinidad y feminidad en los mass-media (i.e., prensa, radio y TV), así como sobre el discurso amoroso que éstos transmiten. Con un abordaje del discurso de tipo semántico y semiótico, THOMAS también visibiliza la presencia del feminismo en la psicología colombiana y contribuye de manera significativa al inicio de los estudios de género. Aportes decisivos en esa dirección han sido realizados por Angela María ESTRADA (1995, 2000, 2001a, 2001b), inicialmente en la Universidad Javeriana y, más recientemente, en la Universidad de los Andes. [68]

Desde la perspectiva piagetiana, surgen algunas investigaciones alrededor del desarrollo infantil y el pensamiento del niño realizadas en la Universidad del Valle (PUCHE 1996; OROZCO 1984), la Universidad del Norte (ABELLO, AMAR, MAGENDZO, HOYOS & APARICIO 1998) y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (ARDILA, 1989). Estas investigaciones, que utilizan el método clínico de PIAGET, se desarrollan a partir de observaciones y/o entrevistas clínicas con niños en microsituaciones individuales o grupales creadas por el investigador, a partir de las cuales se obtienen datos observacionales o discursivos que son analizados cualitativa y cuantitativamente. [69]

A través del análisis cualitativo-interpretativo de la información arrojada por las observaciones y entrevistas, se caracterizan y clasifican las respuestas o comportamientos de los niños utilizando el modelo teórico de PIAGET. Algunas veces, las respuestas son cuantificadas (análisis descriptivo con promedios y porcentajes), y otras veces son analizadas teniendo en cuenta variables demográficas de los niños, cuyas relaciones se estudian a través de pruebas estadísticas para establecer diferencias entre grupos según la edad, el sexo o el nivel socioeconómico de los niños. [70]

En esta misma línea de investigación se encuentran los trabajos de Rosalía MONTEALEGRE (1990, 1992, 1998), quien recibió la influencia de VYGOTSKY y estudió el desarrollo de las funciones superiores en universitarios y el lenguaje egocéntrico y la solución de tareas espaciales los niños. El método que utiliza MONTEALEGRE, y que denomina "pedagógico-experimental", se inscribe igualmente en el análisis genético, si bien con la característica de que se propone validar prácticas educativas con niños y con estudiantes de educación superior, quienes son estudiados en el contexto del aula de clases. [71]

Uno de los desplazamientos que se empezaron a dar en estos años en la psicología del desarrollo y cognitiva se dio en buena parte por la influencia de VYGOTSKY y los desarrollos propios de la teoría sociocultural, los cuales enfatizan el hecho de que el desarrollo humano se da a partir de la interacción del sujeto en un contexto histórico-cultural, y que el intercambio del hombre con su entorno es esencialmente lingüístico y un proceso mediado semánticamente por la cultura (FORMAN & LARREAMENDY-JOERNS 1995, 1998; FORMAN, LARREAMENDY-JOERNS, KAY & BROWN 1998; LARREAMENDY-JOERNS 1997). Además de la influencia que también tuvo el segundo HABERMAS en este giro lingüístico que dio la psicología del desarrollo y la psicología cognitiva en Colombia, también puede decirse que la teoría de la acción comunicativa habermasiana ha alimentado la reflexión de la psicología social, política, comunitaria y educativa y, dentro de esta última, especialmente los esfuerzos orientados al aprendizaje del lenguaje, la lecto-escritura, la socialización política y la educación ciudadana. Una apreciación similar puede hacerse con respecto a su ética comunicativa, la que también ha nutrido las reflexiones teóricas en el campo del desarrollo moral (HABERMAS 1985; HOYOS 1995). [72]

Ahora bien, la etnografía que los psicólogos heredamos de la antropología es esencialmente una convivencia con el otro que se realiza en la cotidianidad. Al igual que en la investigación psicoanalítica, el investigador es el principal instrumento: la tarea etnográfica se realiza a través de una aproximación naturalista y de una relación intersubjetiva "yo-tú" en la que el "otro" es visto como un sujeto que se construye en un contexto histórico dado, a través de interacciones sociales mediadas semánticamente por la cultura. Del interés en las dimensiones histórico-culturales, que son siempre particulares, se desprende su carácter idiográfico, es decir, su orientación a describir y comprender la singularidad, la historicidad, lo local. De ahí su carácter naturalista y el trabajo de campo intensivo, así como la importancia de la observación participante, de la entrevista conversacional y en profundidad, de los documentos personales, de los materiales culturales, de la cartografía, y de todo aquello que hable de ese mundo cultural, simbólico y lingüístico en el que ocurren los fenómenos humanos y sociales. [73]

Podemos decir que la etnografía empezó a extenderse entre los psicólogos que trabajan en el campo de la psicología educativa, si bien con otros enfoques teóricos a los mencionados hasta ahora y explorando metodologías de análisis de datos provenientes del Análisis de Dominio Semántico de SPRADLEY (1979, 1980) y de la Grounded Theory, especialmente de los trabajos de STRAUSS (1987) y de STRAUSS y CORBIN (2002), este último traducido al español por la Universidad de Antioquia. En este tipo de trabajos se encuentran los realizados por Gloria ALZATE (1997; ALZATE & LASERNA 1990) en la Universidad Javeriana, quien es una de las primeras psicólogas que publica un artículo sobre la investigación cualitativa, considerándola una herramienta pertinente para el trabajo psicológico, y quien además participó en el Proyecto Atlántida, proyecto que tuvo una gran importancia en el país (ALZATE y GAITÁN 1995). [74]

En efecto, durante los primeros años de la década del 90 se desarrolló en Colombia el Proyecto Atlántida sobre "Adolescencia y Escuela", un estudio etnográfico sobre el mundo del adolescente y la cultura escolar que se ejecutó en varias ciudades del país, impulsado por la FUNDACIÓN FES con el apoyo de COLCIENCIAS. En éste participaron profesores y estudiantes de varias facultades y departamentos de psicología (Javeriana, Andes, Valle, del Norte), así como de facultades de educación de distintas universidades (Pedagógica, Minuto de Dios, Bolivariana y Atlántico), junto con otras instituciones educativas gubernamentales y no gubernamentales. El proyecto no sólo permitió, a través de seminarios y cinco tomos que fueron publicados en 1995, sacar a la superficie el mundo del adolescente escolarizado y develar la cultura escolar en Colombia, – que al igual que Atlántida estaban sumergidos en un mar de ojos invidentes –, sino que también contribuyó a impulsar el trabajo en equipos disciplinarios e interdisciplinarios, así como a mostrar las posibilidades que tiene la etnografía y la investigación cualitativa en el estudio de fenómenos que interesan a la psicología y la educación (FUNDACIÓN FES, 1995). [75]

A este estudio se suman otros abordajes etnográficos sobre la escuela y el desarrollo de niños en otros contextos que han sido promovidos por el CINDE (HENAO, 1989), y algunos trabajos de la Universidad Católica de Colombia que se publican en la revista Acta de Psicología, que surge al finalizar este período (HEWITT & ROZO 1999). Puede agregarse el estudio de LOZANO (1999), que si bien no es una investigación etnográfica, desde la psicología educativa y con una metodología que describe como interpretativa, basada en entrevistas y observaciones en el aula de clase, estudia la estructura del conocimiento práctico del docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Colombia y su relación con los procesos educativos que se desarrollan en el aula de clase. [76]

Durante esta etapa en la psicología social también se producen desarrollos que contribuyen a impulsar el uso de métodos cualitativos entre los psicólogos. Por una parte, en el campo de la cognición social se empieza a trabajar en el estudio de las representaciones sociales a partir de los planteamientos de MOSCOVICI (1985) y se realizan investigaciones sobre representaciones mentales en niños, basados especialmente en entrevistas (CABRERA & ANGARITA 1997). En esta línea es de destacar un estudio transcultural realizado por Maritza MONTERO en Venezuela y Miguel SALAS, de la Universidad de los Andes en Colombia, en el cual utilizaron dibujos (mapas) y entrevistas de niños de distintas edades de los dos países para explorar sus representaciones sobre el mundo, así como análisis interpretativos de los mapas y entrevistas que permitieron comprender de qué manera ven los niños el mundo desde la periferia (MONTERO & SALAS 1993). [77]

Este estudio es una evidencia de los aportes que desde los años ochenta la venezolana Maritza MONTERO (1980, 1984, 1994) ha hecho a la psicología social, comunitaria y política en Colombia, junto con los de Ignacio MARTÍN BARÓ (1985) en El Salvador. Estas dos figuras latinoamericanas han jugado un papel central en lo que se conoce como Psicología de la Liberación, una psicología social crítica de carácter latinoamericano, que se nutre de la Teoría Crítica y de los planteamientos de Paulo FREIRE y Orlando FALS BORDA. Desde la psicología crítica se comenzaron a realizar un buen número de proyectos de investigación-acción que se empezaron a implementar en las prácticas profesionales y los trabajos de grado de estudiantes de psicología (DOMÍNGUEZ & FARFÁN 1994), y que cobraron mucha fuerza en de las organizaciones no gubernamentales (SALAZAR 1992). [78]

Durante esta etapa, la psicología social y política de enfoque crítico también se empezó a nutrir del construccionismo social de GERGEN (1973, 1985, 1992), HARRÉ (1989) y del español Tomás IBÁÑEZ (1994), así como de la psicología discursiva de POTTER y WETHERELL (1987), de PARKER (1999) y del Análisis Crítico del Discurso de VAN DIJK (1980). Así, se empezaron a realizar estudios basados en narrativas, historias de vida y análisis de documentos (SABUCEDO & LÓPEZ 2000), así como algunas modalidades de análisis del discurso (GAITÁN 1994). La maestría en Psicología Social Comunitaria, que funcionó durante estos años en la Universidad Javeriana, fue uno de los principales focos desde los cuales se empezó a difundir la psicología social crítica de enfoque socioconstruccionista, alimentada también de concepciones feministas (ESTRADA 1995). [79]

En algunas facultades de psicología, el socioconstruccionismo no sólo influyó en la psicología social, sino también en la psicología clínica. Tal es el caso de la Facultad de Psicología de la Universidad Santo Tomás, que en su maestría en psicología clínica se concentra en el estudio y la intervención de la familia desde un enfoque sistémico-construccionista nutrido por la Teoría de la Complejidad de Edgar MORIN (1998). Los estudios clínicos iniciales sobre la familia de Angela HERNÁNDEZ y Jairo ESTUPIÑÁN (1997) y de los profesores de la maestría se han venido publicando en la revista Aportes a la Psicología, que empezó a circular a comienzos de 1990. En ésta predominan ensayos y algunos reportes de investigaciones cualitativas basadas, bien en la "investigación-intervención", en la que a través de la práctica clínica se estudia e interviene simultáneamente (POLO 1997), bien en estudios de caso cualitativos realizados a través de entrevistas y análisis narrativos en los que se abordan diferentes temáticas, como el de la red social de pacientes clínicos. [80]

Varios hechos son significativos durante este período que dan cuenta de la emergencia de la investigación cualitativa. Por una parte, en los primeros años de la década del 90, y especialmente a partir de 1995, en muchas facultades y departamentos de psicología del país se empezaron a dictar cursos de métodos cualitativos como parte de la formación en metodología de la investigación de los estudiantes, incluso en universidades de clara orientación positivista como la Universidad Católica de Colombia y la Universidad del Bosque. La inclusión de los cursos de metodologías cualitativas fue resultado de reformas a los planes de estudio que implicaban discusiones teóricas, epistemológicas y metodológicas. La decisión de formar a los estudiantes en métodos cualitativos es un indicador de los desarrollos teóricos y epistemológicos que hemos analizado y del reconocimiento de la pertinencia de otras alternativas metodológicas distintas a la experimental para el estudio de los fenómenos psicológicos. [81]

El segundo hecho tiene que ver con la aparición de artículos sobre estudios realizados con métodos cualitativos en la Revista Latinoamericana de Psicología que, como ya mencionamos, es de clara orientación positivista. Entre 1986 y 2000, en esta revista se publican 55 artículos de psicólogos colombianos de los cuales el 38% se refieren a investigaciones que utilizan métodos cuantitativos, el 45% son ensayos o artículos de difusión, y nueve artículos, que representan el 17%, reportan estudios cualitativos. El primero de ellos aparece en 1989 y, de éstos, dos son escritos por investigadores de la Universidad de la Sabana y de la INNCA, desde un enfoque humanístico y con un método fenomenológico (PALIMINO, RÍOS & DIAZ 1991). Otro es publicado por profesores de la Universidad Santo Tomás (SALGADO & ALVAREZ 1990) en el cual se evalúa, con un método basado en entrevistas, la pertinencia del genograma como instrumento de formación de terapeutas familiares. Hay, además, un artículo de profesores de la Universidad del Norte (ABELLO & MADARIAGA 1997), que incluye un estudio de caso realizado en una comunidad marginal, en el que a través de observaciones, entrevistas abiertas y cuestionarios cerrados, estudian el fenómeno de las redes sociales como mecanismo de supervivencia, utilizando descripciones predominantemente cualitativas y algunas cuantitativas. La aparición de estos artículos es, sin duda, un indicador de la emergencia y del reconocimiento que la investigación cualitativa alcanzó en estos años, aunque todavía predominan los artículos de investigaciones cuantitativas. [82]

El tercer hecho se refiere a la aparición de los primeros libros sobre investigación cualitativa escritos en Colombia. Dos de ellos son publicados por el Instituto Colombiano de Fomento a la Educación Superior, en ediciones diseñadas para la formación de profesores universitarios en métodos de investigación social. Las dos ediciones están compuestas por varios volúmenes, en los que se presentan las bases filosóficas, teóricas y metodológicas de la investigación social y se dedica uno de ellos a la investigación cualitativa2). El tercer libro, titulado "Más allá del dilema de los métodos", escrito por BONILLA y RODRÍGUEZ (1995), desde una perspectiva sociológica y publicado por la Universidad de los Andes, propone la articulación de métodos cualitativos y cuantitativos, empleando como ejemplo dos estudios realizados sobre la enfermedad de la malaria y la transición demográfica en Colombia. Estos textos empezaron a ser utilizados por los psicólogos durante una época en la que la lectura de textos y artículos de investigaciones escritos en inglés no era una práctica difundida entre los profesores y estudiantes de psicología. [83]

Finalmente, un cuarto hecho tiene que ver con la realización de dos seminarios nacionales de investigación cualitativa, organizados por el CINDE en 1987 y 1994 y liderados por la psicóloga javeriana Sara Victoria ALVARADO (1994), a los cuales asisten investigadores y profesionales de las ciencias sociales, la educación y la psicología. Entre ellos se encuentran Alfredo GAITÁN (1994), de la Universidad Javeriana, y Alfonso SÁNCHEZ (1994), entonces en la Universidad de los Andes. [84]

Con lo dicho hasta ahora hemos mostrado las tradiciones teóricas dentro de las cuales emergió la investigación cualitativa en la psicología en Colombia durante los últimos 15 años del siglo pasado, los problemas de investigación que los psicólogos se han venido planteando, los métodos cualitativos que han venido utilizando y los hechos que constituyen hitos históricos y que dan cuenta de su emergencia. El recorrido realizado por las principales tradiciones teóricas presentes al comenzar el período, – psicoanálisis, estructuralismo, epistemología genética y teoría crítica –, y por los desplazamientos que se dieron hacia otras tradiciones – teoría socio-cultural, construccionismo social, psicología discursiva, enfoque sistémico-construccionista, psicología de la liberación, feminismo –, nos muestran que son las particularidades de los problemas a investigar, además de las concepciones sobre los fines y el objeto de la psicología, las que conducen a los investigadores a buscar nuevas formas de investigación social y a utilizar distintos métodos cualitativos. Dentro de éstos últimos se encuentran los estudios de caso clínico, el análisis genético, la etnografía, el método biográfico y el análisis narrativo, la investigación-acción, la investigación-intervención, el análisis del discurso, la teoría fundamentada y el método fenomenológico. En esta búsqueda, la investigación cualitativa logró reconocimiento, hasta el punto de que su enseñanza se institucionalizó en varias facultades y departamentos de psicología. Así, con estos logros la investigación cualitativa comienza el nuevo siglo y, durante los años que han transcurrido hasta el presente, se posiciona en la psicología colombiana. [85]

4.3 Tercer período: El posicionamiento

En un momento de florecimiento de los grupos de investigación, de aumento notable de la investigación empírica, y de surgimiento de nuevas revistas nacionales de psicología, en los últimos cinco años la investigación cualitativa desarrollada por los psicólogos en Colombia se caracteriza por un marcado interés en estudiar y aportar soluciones a los principales problemas psicosociales que afectan al país, así como por una tendencia hacia la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad en el abordaje de problemas a través de investigaciones que, en muchas ocasiones, articulan estrategias cualitativas y cuantitativas en sus diseños. [86]

El primer problema que es objeto de estudio entre los psicólogos es la violencia en sus múltiples modalidades, la cual caracteriza la historia y la cultura del país. Desde el enfoque psicoanalítico y bajo la modalidad de investigación "con" psicoanálisis, se encuentran los estudios de CASTRO (2001, 2002), que se habían iniciado en el período anterior y que continúan abordando el problema de la reinserción de excombatientes a la vida civil. También podemos mencionar el estudio de APONTE y GARCÍA (2002), de la Universidad Externado de Colombia, sobre la explotación sexual infantil en Bogotá. APONTE y GARCÍA trabajan con historias de vida, entrevistas estructuradas y la aplicación de pruebas clínicas, desarrollando una comprensión del fenómeno desde el enfoque psicoanalítico, más específicamente, desde los planteamientos de Otto KERNBERG. [87]

A estos se suman los esfuerzos de Nubia TORRES (2004, 2005) en la Universidad Javeriana, en los que también se busca desarrollar nuevas metodologías de investigación e intervención psicoanalíticas por fuera del dispositivo clínico. Además de emprender reflexiones en torno a la intervención psicosocial y a los aportes de otros teóricos psicoanalistas como WINNICOTT, BION y GREEN, TORRES desarrolla y pone a prueba a través de evaluaciones cualitativas, un modelo de intervención sobre el fenómeno de la violencia intrafamiliar. Algo semejante realiza Sergio CASTELLANOS (2005), en un estudio sobre la Franja T, en el que